El mundo perdido (Arthur Conan Doyle) - pág.50
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Pero es que en Sudamérica usted necesitará apuntar derecho, porque a menos que nuestro amigo el profesor sea un loco o un embustero, veremos algunas cosas extrañas antes de regresar. ¿Qué fusil tiene usted?
Cruzó el salón hasta un aparador de roble y cuando lo abrió de par en par pude vislumbrar centelleantes filas de cañones de escopeta, alineadas como tubos de órgano.
-A ver qué tengo disponible para usted en mi propia colección -dijo.
Fue sacando, uno tras otro, cantidades de hermosos rifles, abriéndolos y cerrándolos con un chasquido y un sonido metálico. Luego volvía a colocarlos en sus bastidores acariciándolos tan tiernamente como una madre a sus hijos.
-Éste es un Bland 577 express -dijo-. Con él cacé a ese fulano grandote -echó una mirada al rinoceronte blanco-. Diez yardas más y hubiese sido él quien me agregase a su colección.
De la cónica bala su suerte dependía:
así justa ventaja el más débil tenía.
Espero que conocerá a Gordon, porque él es el poeta del caballo y del fusil y del hombre que a ambos maneja. Vamos a ver, aquí hay una herramienta útil... un 470, mira telescópica, doble expulsor, blanco seguro hasta trescientos cincuenta. Éste es el rifle que usé, hace tres años, contra los conductores de esclavos del Perú. Fui el mayal del Señor en aquellos parajes, se lo aseguro, aunque no lo encontrará escrito en ningún Libro Azul. Hay ocasiones, compañerito, en que cada uno de nosotros debe plantarse en defensa de los derechos humanos y la justicia, porque si no, nunca volverá a sentirse limpio. Por eso hice yo una pequeña guerra por mi cuenta. La declaré yo, la sostuve yo y la terminé yo. Cada una de estas muescas recuerda a un asesino de esclavos que liquidé con este rifle. Una buena serie de ellas, ¿no? Esta grande es por Pedro López, el jefe de todos ellos, que maté en un remanso del río Putumayo. Ah, aquí hay algo que le vendrá bien -tomó un hermoso rifle empavonado y plateado-. Está bien guarnecido con caucho en la caja, muy bien calibrado y con cinco cartuchos por cargador. Puede usted confiarle su vida -me lo entregó y cerró la puerta de su armario de roble-. A propósito -prosiguió, volviendo a su sillón-. ¿Qué sabe usted de este profesor Challenger?
-Nunca lo había visto hasta hoy.
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