El mundo perdido (Arthur Conan Doyle) - pág.38
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Luego se sentó y el señor Waldron, el famoso conferenciante, se puso de pie entre un generalizado murmullo de aplausos. Era un hombre torvo, enjuto, de áspera voz y maneras agresivas, pero que tenía el mérito de saber asimilar las ideas de los demás, haciéndolas circular de manera que resultasen inteligibles y hasta interesantes para el público profano, con la afortunada cualidad de resultar entretenido en los temas más inverosímiles; de tal modo, la precesión de los equinoccios o las etapas de la formación de un vertebrado se convertían, tratados por él, en un desarrollo expositivo del más elevado humorismo.
En esta oportunidad desplegó ante nosotros, en un lenguaje siempre claro y a veces pintoresco, una visión a vuelo de pájaro del proceso de la creación, tal como lo interpreta la ciencia. Nos habló del globo terráqueo, esa masa inmensa de gas inflamado, fulgurando a través de los cielos. Luego describió la solidificación, el enfriamiento y los plegamientos que formaron las montañas; el vapor convirtiéndose en agua, la lenta preparación del escenario en que había de representarse el inexplicable drama de la vida. Al tratar del origen de la vida misma, hizo gala de una discreta vaguedad. Era cabalmente cierto, declaró, que los gérmenes de la misma no podrían haber sobrevivido a la calcinación inicial. Por consiguiente, vinieron después. ¿Se habían formado a partir de los elementos inorgánicos y en estado de enfriamiento que existían en el globo? Era muy probable. ¿Habrían llegado los gérmenes desde el espacio exterior, transportados por meteoritos? Era difícilmente concebible. En general, demostraría ser el más sabio quien se mostrase menos dogmático acerca de este punto. No hemos podido -o al menos aún no se ha logrado hasta la fecha- fabricar materia orgánica en nuestros laboratorios a partir de materiales inorgánicos. Nuestra química no ha conseguido todavía tender un puente sobre el abismo que separa lo muerto de lo vivo. Pero hay una química aún más elevada y sutil, la que crea la Naturaleza, que, trabajando con fuerzas enormes durante prolongadas edades, podría muy bien producir resultados que son imposibles para nosotros. Ahí podríamos dejar lacuestión.
Esto llevó al conferenciante a la gran escala de la vida animal, comenzando por el tramo más bajo, los moluscos y los débiles seres marinos, para ir subiendo, paso a paso, por los reptiles y los peces, hasta que llegamos, al fin, al cangurorata, un animal que paría ya vivas a sus crías y que es el ancestro directo de to-dos los mamíferos y, presumiblemente, de todos los miembros de esta audiencia.
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