Lote Número 249 (Arthur Conan Doyle) - pág.17
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Su mente divagaba y se dirigía de forma obsesiva hacia el hombre que vivía debajo y hacia el pequeño misterio que rodeaba sus habitaciones. Entonces recordó la extraña agresión de la que había hablado Hastie y el rencor que, según se decía, abrigaba contra la víctima del ataque. Las dos ideas crecían indisolublemente unidas en su imaginación, como si hubiera entre ellas una conexión estrecha e íntima. Sin embargo, la sospecha era tan vaga y difusa que no podía concretarse en palabras.
-¡Al diablo con el tipo ese! -exclamó Smith mientras lanzaba el libro de patología al otro lado de la habitación-. Me ha estropeado la noche de estudio, y, aunque no hubiera otra razón, me parece suficiente para evitar cualquier contacto con él en el futuro.
Durante diez días el estudiante de medicina se sumergió de forma tan profunda en sus estudios que no vio ni oyó nada referente a sus vecinos de abajo. Puso especial cuidado en mantener la puerta cerrada a las horas en que Bellingham solía visitarle y, a pesar de que más de una vez oyó que alguien la golpeaba, rehusó de forma tajante responder a la llamada. Una tarde, sin embargo, cuando bajaba por la escalera, precisamente en el momento en que pasaba por delante de las habitaciones de Bellingham, la puerta se abrió de par en par y apareció el joven Monkhouse Lee echando chispas por los ojos y con las mejillas encendidas de rabia. Inmediatamente después apareció Bellingham, cuyo rostro abotargado y enfermizo se veía deformado por una pasión maligna.
-¡Estúpido! -protestó-. ¡Te arrepentirás!
-¡Puede ser! -exclamó el otro-. Que quede bien claro: esto se ha acabado. ¡No quiero ni oír hablar de ello!
-Pero has prometido...
-¡Oh, lo cumpliré! No diré nada. Sería mejor que mi hermana Eva estuviera en la tumba. De una vez por todas: esto se ha acabado. Ella hará lo que yo le diga. No queremos volver a verte.
Smith no pudo evitar enterarse de la disputa, pero continuó su camino como si nada, pues no deseaba verse involucrado en el asunto. Estaba claro que habían tenido una seria diferencia entre ellos y que Lee estaba decidido a convencer a su hermana para que rompiera el compromiso. Smith recordó la oportuna comparación de Hastie
sobre el sapo y la paloma y se alegró de que la relación estuviera a punto de romperse.
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