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Las aventuras de Sherlock Holmes (Arthur Conan Doyle) - pág.43

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Desde el momento en que oí que ese empleado trabajaba por medio salario, com­prendí que tenía algún motivo muy poderoso para ocupar aquel puesto. -Pero ¿cómo pudo adivinar cuál era ese motivo?
-De haber habido mujeres en la casa, habría sospechado una intriga más vulgar. Sin embargo, eso que­daba descartado. El negocio del prestamista era modesto, y en su casa no había nada que pudiera justificar unos preparativos tan complicados y unos gastos como los que estaban haciendo. Por tanto, tenía que tra­tarse de algo que estaba fuera de la casa. ¿Qué podía ser? Pensé en la afición del empleado a la fotografia, y en su manía de desaparecer en el sótano. ¡El sótano! Allí estaba el extremo de este enmarañado ovillo. En­tonces hice algunas averiguaciones acerca de este misterioso empleado, y descubrí que tenía que habérme­las con uno de los delincuentes más calculadores y audaces de Londres. Algo estaba haciendo en el sóta­no... algo que le ocupaba varias horas al día durante meses y meses. ¿Qué podía ser?, repito. Lo único que se me ocurrió es que estaba excavando un túnel hacia algún otro edificio.
Hasta aquí había llegado cuando fuimos a visitar el escenario de los hechos. A usted le sorprendió el que yo golpeara el pavimento con el bastón. Estaba comprobando si el sótano se extendía hacia delante o hacia detrás de la casa. No estaba por delante. Entonces llamé a la puerta y, tal como había esperado, abrió el empleado. Habíamos tenido alguna que otra escaramuza, pero nunca nos habíamos visto el uno al otro. Yo apenas le miré la cara; lo que me interesaba eran sus rodillas. Hasta usted se habrá fijado en lo sucias, arrugadas y gastadas que estaban. Eso demostraba las muchas horas que había pasado excavando. Sólo que­daba por averiguar para qué excavaban. Al doblar la esquina y ver el edificio del City and Suburban Bank pegado espalda con espalda al local de nuestro amigo, consideré resuelto el problema. Mientras usted vol­vía a su casa después del concierto, yo hice una visita a Scodand Yard y otra al director del banco, con el resultado que ha podido usted ver.
-¿Y cómo pudo saber que intentarían dar el golpe esta noche? -pregunté.
-Bueno, el que clausuraran la Liga era señal de que ya no les preocupaba la presencia del señor Jabez Wilson; en otras palabras, tenían ya terminado el túnel.


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