Las aventuras de Sherlock Holmes (Arthur Conan Doyle) - pág.21
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Con frecuencia me aprovecho de la libertad que ofrecen. Ordené a John, el cochero, que le vigilara, corrí al piso de arriba, me puse mi ropa de paseo, como yo la llamo, y bajé justo cuando usted salía.
Bien; le seguí hasta su puerta y así me aseguré de que, en efecto, yo era objeto de interés para el célebre Sherlock Holmes. Entonces, un tanto imprudentemente, le deseé buenas noches y me dirigí al Temple para ver a mi marido.
Los dos estuvimos de acuerdo en que, cuando te persigue un antagonista tan formidable, el mejor recur-so es la huida. Así pues, cuando llegue usted mañana se encontrará el nido vacío. En cuanto a la fotografia, su cliente puede quedar tranquilo. Amo y soy amada por un hombre mejor que él. El rey puede hacer lo que quiera, sin encontrar obstáculos por parte de alguien a quien él ha tratado injusta y cruelmente. La conservo sólo para protegerme y para disponer de un arma que me mantendrá a salvo de cualquier medida que él pueda adoptar en el futuro. Dejo una fotografía que tal vez le interese poseer. Y quedo, querido señor Sherlock Holmes, suya afectísima.
Irene NORTON, née ADLER.
-¡Qué mujer! ¡Pero qué mujer! -exclamó el rey de Bohemia cuando los tres hubimos leído la epístola– –. ¿No le dije lo despierta y decidida que era? ¿Acaso no habría sido una reina admirable? ¿No es una pena que no sea de mi clase?
-Por lo que he visto de la dama, parece, verdaderamente, pertenecer a una clase muy diferente a la de vuestra majestad -dijo Holmes fríamente-. Lamento no haber sido capaz de llevar el asunto de vuestra majestad a una conclusión más feliz.
-¡Al contrario, querido señor! -exclamó el rey-. No podría haber terminado mejor. Me consta que su palabra es inviolable. La fotografia es ahora tan inofensiva como si la hubiesen quemado.
-Me alegra que vuestra majestad diga eso.
-He contraído con usted una deuda inmensa. Dígame, por favor, de qué manera puedo recompensarle. Este anillo... -se sacó del dedo un anillo de esmeraldas en forma de serpiente y se lo extendió en la palma de la mano.
-Vuestra majestad posee algo que para mí tiene mucho más valor -dijo Holmes.
-No tiene más que decirlo. -Esta fotografia.
El rey se le quedó mirando, asombrado.
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