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La aventura del colegio Priory (Arthur Conan Doyle) - pág.16

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En primer lugar, quiero que quede bien claro para usted que el muchacho se marchó, sin duda alguna, por su propia voluntad. Se descolgó por la ventana y se largó, solo o acompañado. De eso no cabe la menor duda.
Asentí con la cabeza.
-Muy bien, pasemos ahora a este desdichado profesor alemán. El chico estaba completamente vestido cuando huyó. Pero el alemán salió sin calcetines. Está claro que tuvo que actuar con mucha precipitación.
-No cabe duda.
-¿Por qué salió? Porque presenció la fuga del chico desde la ventana de su dormitorio. Porque (quería alcanzarlo y hacerle volver. Montó en su bicicleta, salió en persecución del muchacho y, persiguiéndolo, encontró la muerte.
-Eso parece.
-Ahora llegamos a la parte crítica de mi argumentación. Lo natural es que un hombre que persigue a un niño eche a correr detrás de él. Sabe que podrá alcanzarlo. Pero este alemán no actúa así, sino que coge su bicicleta. Me han dicho que era un excelente ciclista. No habría hecho (eso de no haber visto que el chico disponía de algún medio de escape rápido.
-La otra bicicleta.
-Continuamos con nuestra reconstrucción. Encuentra la muerte a cinco millas del colegio... no de un tiro, fíjese, que eso tal vez podría haberlo hecho un muchacho, sino de un golpe salvaje, asestado por un brazo vigoroso. Así pues, el muchacho iba acompañado en su huida. Y la huida fue rápida, ya que un consumado ciclista necesitó cinco millas para alcanzarlos. Sin embargo, examinamos el terreno en torno al lugar de la tragedia y ¿qué encontramos? Nada más que unas cuantas pisadas de vaca. Eché un buen vistazo alrededor, y no hay ningún sendero en cincuenta metros. El crimen no pudo cometerlo otro ciclista. Y tampoco hay pisadas humanas.
-¡Holmes! -exclamé-. ¡Esto es imposible!
-¡Admirable! -dijo él-. Un comentario de lo más esclarecedor. Es imposible tal como yo lo expongo, y por tanto debo haber cometido algún error en mi exposición. Sin embargo, usted ha visto lo mismo que yo. ¿Es capaz de- sugerir dónde está el fallo?
-¿No podría haberse roto el cráneo al caerse?
-¿En una ciénaga, Watson?
-No se me ocurre otra cosa.
-¡Bah, bah! Peores problemas hemos resuelto. Por lo menos, disponemos de material abundante, siempre que sepamos utilizarlo. En marcha, pues, y puesto que el Palmer ya no da más de sí, veamos lo que puede ofrecernos el Dunlop con el parche.


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