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La aventura del colegio Priory (Arthur Conan Doyle) - pág.14

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Un sendero embarrado cruzaba la parte baja de la ciénaga. Al acercarnos a él, Holmes dejó escapar un grito de alegría. Es su mismo centro se veía una huella que parecía un fino haz de cables de telégrafo. Era el neumático Palmer.
-¡Aquí sí que tenemos a herr Heidegger! -exclamó Holmes, radiante de júbilo-. Parece, Watson, que mi razonamiento ha estado bastante acertado.
-Le felicito.
-Pero aún nos queda mucho camino por andar. Haga el favor de salirse del sendero. Y ahora, sigamos la pista. Me temo que no nos llevará muy lejos.
Sin embargo, según avanzábamos, descubrimos que en aquella parte del páramo abundaban las zonas blandas, y aunque perdíamos la pista con frecuencia, siempre conseguíamos encontrarla de nuevo.
4 Este asunto de las huellas de la bicicleta es uno de los que más controversias ha provocado entre los holmesólogos. Efectivamente, aunque la impresión de la rueda trasera pise la de una rueda delantera, eso no ayuda a distinguir si van o vienen, va que la huella sería exactamente igual en ambos casos, a menos que una de las ruedas tuviera alguna marca identificable y Holmes supiera en qué lado se encontraba dicha marca, lo cual queda descartado. Posiblemente, Holmes se fijó en otros indicios, que Watson no comprendió bien, y por eso ofrece aquí esta explicación tan poco satisfactoria.
-¿Se fija usted -dijo Holmes- en que el ciclista está apretando la marcha de manera inequívoca? No cabe ninguna duda. Fíjese aquí, donde las dos huellas se ven con claridad. Están las dos igual de marcadas. Eso sólo puede significar que el ciclista está doblado sobre el manillar, como en una carrera de velocidad. ¡Por Júpiter! ¡Se ha caído!
Un manchón de forma irregular cubría algunos metros de sendero. Más allá había unas pocas pisadas y luego reaparecían los neumáticos.
-Un patinazo de costado -aventuré.
Holmes recogió una rama aplastada de tojo en flor. Observé horrorizado que las flores amarillas estaban todas manchadas de sangre. También en el sendero y entre los brezos se veían manchas de sangre coagulada.
-¡Mala cosa! -dijo Holmes-. ¡Mala cosa! ¡Apártese, Watson! ¡No quiero pisadas innecesarias! ¿Qué sacamos de aquí? Cayó herido, se levantó, volvió a montar y siguió su camino. Pero no se ve ninguna otra huella. Sí, por aquí ha pasado ganado. ¿No le habrá corneado un toro? ¡Imposible! Pero no se ve ninguna otra clase de huellas.


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