No hay burlas con el amor (Pedro Calderón de la Barca) - pág.39
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sólo sé, de temor llena,
que ha estado herido.
BEATRIZ: (Su pena, Aparte
¡ay de mí!, padezco yo.
¿Qué pócima que bebió
--¡Qué delirio! ¡Qué ardimiento!
¡Qué ultraje! ¡Qué tormento!--
el alma por el oído
que la concibe un sentido,
y la aborta un sentimiento?
¿Qué es lo que pasa por mí?
Pero si yo de mí sé,
yo misma me lo diré.
Conjurado contra mí
al dios de los necios vi,
por ver cuánto baldonaba
su deidad; y cuando estaba
más fiera en la ofensa mía,
ya los efectos sentía
de las causas que ignoraba.
Un hombre en mi cuarto entró
de mis ansias informado,
resuelto y determinado.
Acción fue que me obligó
al compás que me ofendió,
pues si ofensa el amor piensa,
la acción ser en mi defensa
la construye obligación.
Luego compatibles son
la obligación y la ofensa.
Vino mi padre, y aquí
trágica mi historia fuera
si cortés no obedeciera
los preceptos que le di.
Por mí escondido, y por mí
precipitado y caído,
quedó de otra mano herido;
pues si iguales llego a ver
que sentir y agradecer,
¿cuál será lo preferido?
Es decir que su mal siento
ilícito a mi valor
y lícito no a mi amor
faltarme agradecimiento;
sentir por mi parte intento
que a mí se pueda atrever;
por la suya, que a tener
llegue por mí tal pesar;
y temo acabar de amar
donde empiezo a agradecer).
INÉS: ¿Qué pena es ésta, señora?
¿Qué tienes, que triste estás?
BEATRIZ: ¿Qué quieres que tenga más?
INÉS: No le gastes a la aurora
las blancas perlas agora
que has de echar menos después.
BEATRIZ: ¡Ay, Inés mía! ¡Ay, Inés!
Si tú guardarme quisieras
un secreto, tú supieras
mi tormento.
INÉS: Dile pues;
que aunque siempre en mi lugar
San Secreto esclarecido
día de trabajo ha sido,
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