El alcalde de Zalamea (Pedro Calderón de la Barca) - pág.48
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Sale don LOPE
LOPE: ¡Oh, Pero Crespo! Yo soy,
que volviendo a este lugar
de la mitad del camino
donde me trae--imagino--
un grandísimo pesar,
no era bien ir a apearme
a otra parte, siendo vos
tan mi amigo.
CRESPO: ¡Guárdeos Dios!
Que siempre tratáis de honrarme.
LOPE: Vuestro hijo no ha parecido
por allá.
CRESPO: Preso sabréis
la ocasión. La que tenéis,
señor, de haberos venido,
me haced merced de contar;
que venís mortal, señor.
LOPE: La desvergüenza es mayor
que se puede imaginar.
Es el mayor desatino
que hombre ninguno intentó.
Un soldado me alcanzó
y me dijo en el camino...
¡Que estoy perdido, os confieso,
de cólera!...
CRESPO: Proseguí.
LOPE: ...que un alcaldillo de aquí
al capitán tiene preso;
y, ¡voto a Dios!, no he sentido
en toda aquesta jornada
esta pierna excomulgada
si no es hoy, que me ha impedido
el haber antes llegado
donde el castigo le dé.
¡Voto a Jesucristo, que
al grande desvergonzado
a palos le he de matar!
CRESPO: Pues habéis venido en balde;
porque pienso que el alcalde
no se los dejará dar.
LOPE: Pues dárselos sin que deje
dárselos.
CRESPO: Malo lo veo;
ni que haya en el mundo creo
quien tan mal os aconseje.
¿Sabéis por qué le prendió?
LOPE: No; mas sea lo que fuere
justicia la parte espere
de mí; que también sé yo
degollar si es necesario.
CRESPO: Vos no debéis de alcanzar,
señor, lo que en un lugar
es un alcalde ordinario.
LOPE: ¿Será más de un villanote?
CRESPO: Un villanote será
que, si cabezudo da,
en que ha de darle garrote,
¡par Dios!, se salga con ello.
LOPE: No se saldrá tal, ¡par Dios!,
y si por ventura vos,
si sale o no, queréis vello,
decidme dó vive o no.
CRESPO: Bien cerca vive de aquí.
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