El alcalde de Zalamea (Pedro Calderón de la Barca) - pág.41
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Yo he de acompañarte.
CRESPO: Hija,
ya tenéis el padre alcalde,
él os guardará justicia.
Vanse. Salen don ÁLVARO con banda, como
herido, y el SARGENTO
ÁLVARO: Pues la herida no era nada,
¿por qué me hicisteis volver
aquí?
SARGENTO: ¿Quién pudo saber
lo que era antes de curada?
ÁLVARO: Ya la cura prevenida,
hemos de considerar,
que no es bien aventurar
hoy la vida por la herida.
SARGENTO: ¿No fuera mucho peor
que te hubieras desangrado?
ÁLVARO: Puesto que ya estoy curado,
detenernos será error.
Vámonos, antes que corra
voz de que estamos aquí.
¿Están ahí los otros?
SARGENTO: Sí.
ÁLVARO: Pues la fuga nos socorra
del riesgo de estos villanos,
que, si se llega a saber
que estoy aquí, habrá de ser
fuerza apelar a las manos.
Sale REBOLLEDO
REBOLLEDO: La justicia aquí se ha entrado.
ÁLVARO: ¿Qué tiene que ver conmigo
justicia ordinaria?
REBOLLEDO: Digo,
que hasta aquí ha llegado.
ÁLVARO: Nada me puede a mí estar
mejor, llegando a saber
que estoy aquí, y no temer
a la gente del lugar;
que la justicia es forzoso
remitirme en esta tierra
a mi consejo de guerra;
con que, aunque el lance es penoso,
tengo mi seguridad.
REBOLLEDO: Sin duda se ha querellado
el villano.
ÁLVARO: Eso he pensado.
Dentro
ESCRIBANO: Todas las puertas tomad,
y no me salga de aquí
soldado que aquí estuviere;
y al que salirse quisiere,
matadle.
Salen Pedro CRESPO con vara, el ESCRIBANO, y los
que puedan
ÁLVARO: Pues, ¿cómo así
entráis? Mas... ¿qué es lo que veo?
CRESPO: ¿Cómo no? A mi parecer
la justicia ha menester
más licencia, a lo que creo.
ÁLVARO: La justicia, cuando vos
de ayer acá lo seáis,
no tiene, si lo miráis,
que ver conmigo.
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