El alcalde de Zalamea (Pedro Calderón de la Barca) - pág.40
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y es menester que se impriman
con valor dentro del pecho.
Isabel, vamos aprisa;
demos la vuelta a mi casa;
que este muchacho peligra,
y hemos menester hacer
diligencias exquisitas,
por saber de él, y ponerle
en salvo.
ISABEL: (¡Fortuna mía, Aparte
o mucha cordura o mucha
cautela es ésta!)
CRESPO: Camina.
(¡Vive Dios que si la fuerza Aparte
y necesidad precisa
de curarse hizo volver
al capitán a la villa,
que pienso que le está bien
morirse de aquella herida
por excusarse de otra
y otras mil, que el ansia mía
no ha de parar hasta darle
la muerte!) ¡Ea! Vamos, hija,
a nuestra casa.
Sale el ESCRIBANO
ESCRIBANO: ¡Oh, señor,
Pedro Crespo! ¡Dame albricias!
CRESPO: ¿Albricias? ¿De qué, escribano?
ESCRIBANO: En concejo aqueste día
os ha hecho alcalde, y tenéis
para estrena de justicia
dos grandes acciones hoy.
La primera es la venida
del Rey, que estará hoy aquí,
o mañana en todo el día
según dicen. Es la otra,
que ahora han traído a la villa
de secreto unos soldados
a curarse con gran prisa
aquel capitán que ayer
tuvo aquí su compañía.
Él no dice quién le hirió;
pero si esto se averigua
será una gran causa.
CRESPO: (¡Cielos, Aparte
cuando vengarte imaginas,
me hace dueño de mi honor
la vara de la justicia!
¿Cómo podré delinquir
yo, si en esta hora misma
me ponen a mí por juez
para que otros no delincan?
Pero cosas como aquestas
no se ven con tanta prisa.)
En extremo agradecido
estoy a quien solicita
honrarme.
ESCRIBANO: Vení a la casa
del concejo y, recibida
la posesión de la vara,
haréis en la causa misma
averiguaciones.
CRESPO: Vamos.
A ISABEL
A tu casa te retira.
ISABEL: (¡Duélese el cielo de mí!) Aparte
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