El alcalde de Zalamea (Pedro Calderón de la Barca) - pág.33
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me deja, cierto, el muchacho,
aunque en público me animo.)
ISABEL: Éntrate, señor, en casa.
INÉS: Pues sin soldados vivimos,
estémonos otro poco
gozando a la puerta el frío
viento que corre; que luego
saldrán por ahí los vecinos.
CRESPO: (A la verdad, no entro dentro Aparte
porque desde aquí imagino
como el camino blanquea
veo a Juan en el camino.)
Inés, sácame a esta puerta
asiento.
INÉS: Aquí está un banquillo.
ISABEL: Esta tarde diz que ha hecho
la villa elección de oficios.
CRESPO: Siempre aquí por el agosto
se hace.
Salen don ÁLVARO, el SARGENTO, REBOLLEDO, la
CHISPA y soldados
ÁLVARO: Pisad sin rüido.
Llega, Rebolledo, tú,
y da a la crïada aviso
de que ya estoy en la calle.
REBOLLEDO: Yo voy. Mas, ¿qué es lo que miro?
A su puerta hay gente.
SARGENTO: Y yo
en los reflejos y visos
que la luna hace en el rostro,
que es Isabel, imagino,
ésta.
ÁLVARO: Ella es; mas que la luna,
el corazón me lo ha dicho.
A buena ocasión llegamos.
Si ya, que una vez venimos,
nos atrevemos a todo,
buena venida habrá sido.
SARGENTO: ¿Estás para oír un consejo?
ÁLVARO: No.
SARGENTO: Pues ya no te lo digo.
Intenta lo que quisieres.
ÁLVARO: Yo he de llegar y atrevido
quitar a Isabel de allí.
Vosotros a un tiempo mismo
impedid a cuchilladas
el que me sigan.
SARGENTO: Contigo
venimos y a tu arden hemos
de estar.
ÁLVARO: Advertid, que el sitio
en que habemos de juntarnos
es ese monte vecino
que está a la mano derecha,
como salen del camino.
REBOLLEDO: ¡Chispa!
CHISPA: ¿Qué?
REBOLLEDO: Ten estas capas.
CHISPA: Que es del reñir, imagino,
la gala, el guardar la ropa,
aunque del nadar se dijo.
ÁLVARO: Yo he de llegar el primero.
CRESPO: Harto hemos gozado el sitio.
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