El alcalde de Zalamea (Pedro Calderón de la Barca) - pág.32
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porque al fin de ellas nacimos.
No riñas por cualquier cosa;
que cuando en los pueblos miro
muchos, que a reñir se enseñan,
mil veces entre mí digo:
"Aquesta escuela no es
la que ha de ser". Pues colijo
que no ha de enseñarse a un hombre
con destreza, gala y brío
a reñir, sino a por qué
ha de reñir; que yo afirmo
que, si hubiera un maestro solo
que enseñara prevenido,
no el cómo, el por qué se riña,
todos le dieran sus hijos.
Con esto y con el dinero
que llevas para el camino,
y para hacer, en llegando
de asiento, un par de vestidos,
al amparo de don Lope
y mi bendición, yo fío
en Dios, que tengo de verte
en otro puesto. Adiós, hijo;
que me enternezco en hablarte.
JUAN: Hoy tus razones imprimo
en el corazón, adonde
vivirán, mientras yo vivo.
Dame tu mano. Y tú, hermana,
los brazos; que ya ha partido
don Lope mi señor, y es
fuerza alcanzarlo.
ISABEL: Los míos
bien quisieran detenerte.
JUAN: Prima, adiós.
INÉS: Nada te digo
con la voz, porque los ojos
hurtan a la voz su oficio.
Adiós.
CRESPO: ¡Ea, vete presto!
Que cada vez que te miro,
siento más el que te vayas,
y ha de ser, porque lo he dicho.
JUAN: El cielo con todos quede.
Vase [JUAN]
CRESPO: El cielo vaya contigo.
ISABEL: ¡Notable crueldad has hecho!
CRESPO: Ahora,que no le miro,
hablaré más consolado.
¿Qué había de hacer conmigo
sino ser toda su vida
un holgazán, un perdido?
Váyase a servir al Rey.
ISABEL: Que de noche haya salido,
me pesa a mí.
CRESPO: Caminar
de noche por el estío,
antes es comodidad,
que fatigo; y es preciso
que a don Lope alcance luego
al instante. (Enternecido Aparte
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