El alcalde de Zalamea (Pedro Calderón de la Barca) - pág.20
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tranquilidad y tormenta;
en un día nace un hombre
y muere; luego pudiera
en un día ver mi amor
sobra y luz, como planeta;
pena y dicha, como imperio;
fente y brutos, como selva;
paz e inquietud como mar;
triunfo y ruina, como guerra;
vida y muerte, como dueño
de sentidos y potencias.
Y habiendo tenido edad
en un día su violencia
de hacerme tan desdichado,
¿por qué, por qué no pudiera
tener edad en un día
de hacerme dichoso? ¿Es fuerza
que se engendren más despacio
las glorias que las ofensas?
SARGENTO: ¿Verla una vez solamente
a tanto extremo te fuerza?
ÁLVARO: ¿Qué más causa había de haber,
llegando a verla, que verla?
De sola una vez a incendio
crece una breve pavesa;
de una vez sola un abismo
fulgúreo volcán revienta;
de una vez se enciende el rayo
que destruye cuanto encuentra;
de una vez escupe horror
la más reformada pieza.
De una vez amor, ¿qué mucho,
fuego de cuatro maneras,
mina, incendio, pieza y rayo,
postre, abrase, asombre y hiera?
SARGENTO: ¿No decías que villanas
nunca tenían belleza?
ÁLVARO: Y aun aquesa confïanza
me mató; porque el que piensa
que va a un pelligro, ya va,
prevenido a la defensa;
quien va a una seguridad
es el que más riesgo lleva,
por la novedad que halla
siacaso un peligro encuentra.
Pensé hallar una villana;
si hallé una deidad, ¿no era
preciso que peligrase
en mi misma inadvertencia?
En toda mi vida vi
más divina, más perfecta
hermosura. ¡Ay, Rebolledo,
no sé qué hiciera por verla!
REBOLLEDO: En la compañía hay soldado
que canta por excelencia,
y la Chispa, que es mi alcaida
del boliche, es la primera
mujer en jacarear.
Haya, señor, jira y fiesta
y música a su ventana;
que con esto podrás verla
y aun hablarla.
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