El alcalde de Zalamea (Pedro Calderón de la Barca) - pág.15
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pero vuestro entendimiento
lo es también; porque hoy en vos
alïanza están jurando
hermosura y discreción.
Salen Pedro CRESPO y JUAN, las espadas
desnudas
CRESPO: ¿Cómo es eso, caballero?
¿Cuando pensó mi temor
hallaros matando a un hombre,
os hallo...
ISABEL: (¡Válgame Dios!) Aparte
CRESPO: ...requebrando a una mujer?
Muy noble sin duda sois,
pues que tan presto se os pasan
los enojos.
ÁLVARO: Quien nació
con obligaciones debe
acudir a ellas; y yo
al respeto de esta dama
suspendí todo el furor.
CRESPO: Isabel es hija mía,
y es labradora, señor,
que no dama.
JUAN: (¡Vive el cielo Aparte
que todo ha sido invención,
para haber entrado aquí!
Corrido en el alma estoy
de que piensen, que me engañan,
y no ha de ser.) Bien, señor
capitán, pudierais ver
con más segura atención
lo que mi padre desea
hoy serviros, para no
haberle hecho este disgusto.
CRESPO: ¿Quién os mete en eso a vos,
rapaz? ¿Que disgusto ha habido?
Si el soldado le enojó,
¿no había de ir tras él?
Mi hija os estima el favor
del haberle perdonado,
y el de su respeto yo.
ÁLVARO: Claro está, que no habrá sido
otra causa, y ved mejor
lo que decís.
JUAN: Yo lo veo
muy bien.
CRESPO: Pues, ¿cómo habláis vos
así?
ÁLVARO: Porque estáis delante,
más castigo no le doy
a este rapaz.
CRESPO: Detened,
señor capitán; que yo
puedo tratar a mi hijo
como quisiere, y vos no.
JUAN: Y yo sufrirlo a mi padre,
mas a otra persona no.
ÁLVARO: ¿Qué habíais de hacer?
JUAN: Perder
la vida por la opinión.
ÁLVARO: ¿Qué opinión tiene un villano?
JUAN: Aquella misma que vos;
que no hubiera un capitán
sino hubiera un labrador.
ÁLVARO: ¡Vive Dios, que ya es bajeza
sufrirlo!
CRESPO: Ved que yo estoy
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