El alcalde de Zalamea (Pedro Calderón de la Barca) - pág.14
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REBOLLEDO: Huyo, por el respeto que he tenido
a esa insignia.
ÁLVARO: Aunque huyas,
te he de matar.
CHISPA: (Ya él hizo de las suyas.)
SARGENTO: ¡Tente, señor!
CHISPA: ¡Escucha!
SARGENTO: ¡Aguarda, espera!
CHISPA: (Ya no me llamarán la bolichera.)
Éntrale acuchillando y salen JUAN con espada
y Pedro CRESPO
JUAN: ¡Acudid todos presto!
CRESPO: ¿Qué ha sucedido aquí?
JUAN: ¿Qué ha sido aquesto?
CHISPA: Que la espada ha sacado
el capitán aquí para un soldado,
y esa escalera arriba
sube tras él.
CRESPO: ¿Hay suerte más esquiva?
CHISPA: Subid todos tras él.
JUAN: Acción fue vana
esconder a mi prima y a mi hermana.
Éntranse y salen REBOLLEDO huyendo, e ISABEL
e INÉS
REBOLLEDO: Señoras, si siempre ha sido
sagradoel que es templo, hoy
sea mi sagrado aqueste,
pues es templo del Amor.
ISABEL: ¿Quién a vos de esa manera
os obliga?
INÉS: ¿Qué ocasión
tenéis de entrar hasta aquí?
ISABEL: ¿Quién os sigue o busca?
Salen don ÁLVARO y el SARGENTO
ÁLVARO: Yo;
que tengo de dar la muerte
al pícaro, ¡vive Dios!
Si pensase....
ISABEL: Deteneos,
siquiera porque, señor,
vino a valerse de mí;
que los hombres, como vos,
han de amaparar las mujeres,
si no por lo que ellas son,
porque son mujeres; que esto
basta, sindo vos quien sois.
ÁLVARO: No pudiera otro sagrado
librarle de mi furor,
sino vuestra gran belleza;
por ella vida le doy.
Pero mirad, que no es bbien
en tan precisa ocasión
hacer vos el homicidio,
que no queréis que haga yo.
ISABEL: Caballero, si cortés
ponéis en obligación
nuestras vidas, no zozobre
tan presto la intercesión.
Que dejéis este soldado
os suplico; pero no
que cobréis de mí la deuda
a que agradecida estoy.
ÁLVARO: No sólo vuestra hermosura
es derara perfección,
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