El alcalde de Zalamea (Pedro Calderón de la Barca) - pág.12
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de bajar nunca acá, que es muy celoso.
ÁLVARO: ¿Qué villano no ha sido malicioso?
De mí digo, que, si hoy aquí la viera,
caso de ella no hiciera;
y sólo porque el viejo la ha guardado,
deseo, vive Dios, de entrar me ha dado
donde está.
SARGENTO: Pues, ¿qué haremos,
para que allá, señor, con causa entremos,
sin dar sospecha alguna?
ÁLVARO: Solo por tema la he de ver, y una
industria he de buscar.
SARGENTO: Aunque no sea
de mucho ingenio para quien la vea
hoy, no importará nada;
que con eso será más celebrada.
ÁLVARO: Óyela pues ahora.
SARGENTO: Di, ¿qué ha sido?
ÁLVARO: Tú has de fingir... Mas no, pues que ha venido
ese soldado, que es más despejado,
él fingirá mejor lo que he trazado.
Salen REBOLLEDO y la CHISPA
REBOLLEDO: Con este intento vengo
a hablar al capitán, por ver si tengo
dicha en algo.
CHISPA: Pues háblale de modo
que le obliges; que en fin no ha de ser todo
desatino y locura.
REBOLLEDO: Préstame un poco tú de tu cordura.
CHISPA: Poco y mucho pudiera.
REBOLLEDO: Mientras hablo con él, aquí me espera.
[Habla REBOLLEDO] a don ÁLVARO
Yo vengo a suplicarte...
ÁLVARO: En cuanto puedo
ayudaré, por Dios, a Rebolledo,
porque me ha aficionado
su despejo y su brío.
SARGENTO: Es gran soldado.
ÁLVARO: Pues, ¿qué hay que se le ofrezca?
REBOLLEDO: Yo he perdido
cuanto dinero tengo y he tenido
y he de tener, porque de pobre juro,
en presente, en pretérito y futuro.
Hágaseme merced de que por vía
de ayudilla de costa aqueste día
el alférez me dé...
ÁLVARO: Diga, ¿qué intenta?
REBOLLEDO: El juego del boliche por mi cuenta;
que soy hombre cargado
de obligaciones y honbre al fin honrado
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