El alcalde de Zalamea (Pedro Calderón de la Barca) - pág.10
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cuando su merced mandare,
a que se sirva de todo.
SARGENTO: Él vendrá luego al instante.
Vase [el SARGENTO]
JUAN: ¡Que quieras, siento tú rico,
vivir a estos hospedajes
sujeto!
CRESPO: Pues, ¿cómo puedo
excusarlos ni excusarme?
JUAN: Comprando una ejecutoria.
CRESPO: Dime por tu vida, ¿hay alguien
que no sepa que yo soy,
si bien de limpio linaje,
hombre llano? No, por cierto.
Pues, ¿qué gano yo en comprarle
una ejecutoria al Rey
si no le compro la sangre?
¿Dirán entonces que soy
mejor que ahora? No, es dislate.
Pues, ¿qué dirán? Que soy noble
por cinco o seis mil reales;
y esto es dinero y no es honra;
que honra no la compra nadie.
¿Quieres, aunque sea trivial
un ejemplillo escucharme?
"Es calvo un hombre mil años,
y al cabo de ellos se hace
una cabellera. Éste,
en opiniones vulgares,
¿deja de ser calvo? No.
Pues, ¿qué dicen al mirarle?
Bien puesta la caballera
trae fulano." Pues, ¿qué hace,
si, aunque no le vean la calva,
todos que la tiene saben?
JUAN: Enmendar su vejación,
remediarse de su parte,
y redimir vejaciones
del sol, del hielo y del aire.
CRESPO: Yo no quiero honor postizo
que el defecto ha de dejar
en casa. Villanos fueron
mis abuelos y mis padres;
sean villanos mis hijos.
Llama a tu hermana.
JUAN: Ella sale.
Salen ISABEL e INÉS
CRESPO: Hija, el Rey, nuestro señor,
que el cielo mil años guarde,
va a Lisboa, porque en ella
solicita coronarse
como legítimo dueño;
a cuyo efecto, marciales
tropas caminan con tantos
aparatos militares
hasta bajar a Castilla
el tercio viejo de Flandes
con un don Lope, que dicen
todos que es español Marte.
Hoy han de venir a casa
soldados, y es importante,
que no te vean.
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