El alcalde de Zalamea (Pedro Calderón de la Barca) - pág.8
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segundo día les sale?
ISABEL: Ya os he dicho muchas veces,
señor don Mendo, cuán en balde
gastáis finezas de amor,
locos extremos de amante
haciendo todos los días
en mi casa y en mi calle.
MENDO: Si las mujeres hermosas
supieran, cuanto las hace
más hermosas el enojo,
el rigor, desdén y ultraje,
en su vida gastarían
más afeite, que enojarse.
Hermosa estáis, por mi vida;
decid, decid más pesares.
ISABEL: Cuando no baste el decirlos,
don Mendo, el hacerlos baste,
de aquesta manera: Inés,
éntrate allá dentro, y dale
con la ventana en los ojos.
Vase [ISABEL]
INÉS: Señor caballero andante,
que de aventurero entráis
siempre en lides semejantes,
porque de mantenedor,
no era para vos tan fácil,
Amor os provea.
Vase [INÉS]
MENDO: Inés,
las hermosuras se salen
con cuanto ellas quieren. ¡Nuño!
NUÑO: ¡Oh qué desairados nacen
todos los pobres!
Sale Pedro CRESPO, labrador
CRESPO: (¡Que nunca Aparte
entre y salga yo en mi calle,
que no vea a este hidalgote
pasearse en ella muy grave!)
NUÑO: Pedro Crespo viene aquí.
MENDO: Vamos por esta otra parte,
que es villano malicioso.
Sale JUAN, su hijo
JUAN: (¡Que siempre que venga halle Aparte
esta fantasma a mi puerta,
calzado de frente y guantes!)
NUÑO: Pero acá viene su hijo.
MENDO: No te turbes ni embaraces.
CRESPO: Mas Juanico viene aquí.
JUAN: Pero aquí viene mi padre.
MENDO: Disimula. Pedro Crespo,
Dios os guarde.
CRESPO: Dios os guarde.
Vanse don MENDO y NUÑO
(Él ha dado en porfïar Aparte
y alguna vez he de darle
de manera que le duela.)
JUAN: (Algún día he de enojarme.) Aparte
¿De adónde bueno, señor?
CRESPO: De las eras; que esta tarde
salí a mirar la labranza,
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