El alcalde de Zalamea (Pedro Calderón de la Barca) - pág.7
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remediaréis de una vez
entrambas necesidades;
tú comerás, y él hará
hidalgos sus nietos.
MENDO: No hables
más Nuño, calla. ¿Dineros
tanto habían de postrarme,
que a un hombre llano por fuerza
había de admitir?
NUÑO: Pues antes
pensé, que ser hombre llano
para suegro era importante;
pues de otros dicen, que son
tropezones, en que caen
los yernos; y si no has
de casarte, ¿por qué haces
tantos extremos de amor?
MENDO: ¿Pues no hay, sin que yo me case,
Huelgas en Burgos, adonde
llevarla, cuando me enfade?
Mira, si acaso la ves.
NUÑO: Temo si acierta a mirarme
Pero Crespo.
MENDO: ¿Qué ha de hacer,
siendo mi crïado, nadie?
Haz lo que manda tu amo.
NUÑO: Sí, haré. Aunque no he de sentarme
con él a la mesa.
MENDO: Es propio
de los que sirven, refranes.
NUÑO: Albricias que, con su prima
Inés, a la reja sale.
MENDO: Di que por el bello oriente,
coronado de diamantes,
hoy, repitiéndose el sol,
amanece por la tarde.
Salen a la ventana ISABEL e INÉS,
labradoras
INÉS: Asómate a esa ventana,
prima, así el cielo te guarde,
verás los soldados, que entran
en el lugar.
ISABEL: No me mandes,
que a la ventana me ponga,
estando ese hombre en la calle,
Inés, pues ya, en cuánto el verle
en ella me ofende, sabes.
INÉS: En notable tema ha dado
de servirte y festejarte.
ISABEL: No soy más dichosa yo.
INÉS: A mi parecer, mal haces
de hacer sentimiento de esto.
ISABEL: Pues, ¿qué había de hacer?
INÉS: Donaire.
ISABEL: ¿Donaire de los disgustos?
[MENDO habla] a ISABEL
MENDO: Hasta aqueste mismo instante
jurara yo a fe de hidalgo,
--que es juramento inviolable--
que no había amanecido;
mas, ¿qué mucho que lo extrañe,
hasta que a vuestras auroras
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