El alcalde de Zalamea (Pedro Calderón de la Barca) - pág.6
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un poco del oro aparte.
MENDO: Aunque, si reparo en ello,
y si va a decir verdades,
no tengo que agradecerle
de que hidalgo me engendrase;
porque yo no me dejara
engendrar, aunque él porfiase,
sino fuera de una hidalgo,
en el vientre de mi madre.
NUÑO: Fuera de saber difícil.
MENDO: No fuera, sino muy fácil.
NUÑO: ¿Cómo, señor?
MENDO: Tú en efecto
filosofía no sabes,
y así ignoras los principios.
NUÑO: Sí, mi señor, y aun los antes
y postres, desde que como
contigo; y es, que al instante
mesa divina es tu mesa,
sin medios, postres ni antes.
MENDO: Yo no digo esos principios.
Has de saber que el que nace
sustancia es del alimento,
que antes comieron sus padres...
NUÑO: ¿Luego tus padres comieron?
Esa maña no heredaste.
MENDO: ...esto después se convierte
en su propia carne y sangre;
luego si hubiera comido
el mío cebolla, al instante
me hubiera dado el olor,
y hubiera dicho yo, "Tate,
que no me está bien hacerme
de excremento semejante."
NUÑO: Ahora digo que es verdad.
MENDO: ¿Qué?
NUÑO: Que adelgaza la hambre
los ingenios.
MENDO: Majadero,
¿téngola yo?
NUÑO: No te enfades;
que, sino la tienes, puedes
tenerla; pues de la tarde
son ya las tres, y no hay greda,
que mejor las manchas saque,
que tu saliva y la mía.
MENDO: Pues, ¿esa es causa bastante
para tener hambre yo?
Tengan hambre los gañanes;
que no somos todos unos;
que a un hidalgo no le hace
falta el comer...
NUÑO: ¡Oh quién fuera
hidalgo!
MENDO: Y más no me hables
de esto, pues ya de Isabel
vamos entrando en la calle.
NUÑO: ¿Por qué, si de Isabel eres
tan firme y rendido amante,
a su padre no la pides?
Pues con esto tú y su padre
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