Amado y aborrecido (Pedro Calderón de la Barca) - pág.68
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a mí. Y pues no me arrepiento
del consejo que te he dado,
échame al mar; que más quiero
morir alegre que ver
a Irene triste, supuesto
que tú has de sentir su llanto.
DANTE: ¿Quién vio tan trocado afecto
como ver, en un instante
pasando de extremo a extremo,
quien por mí riyó llorando,
quien por mí lloró riyendo?
Mucho supo la hermosura
que supo llorar a tiempo,
y aun la que supo reír,
a fe que no supo menos.
De amado y aborrecido
las dos pasiones padezco.
Aborrecido de muchas
puedo ser, ¿quién duda? Pero
pocas hallaré que me amen.
Y así al amor me resuelvo
a coronar, no al desdén;
y digan de mí los tiempos
que falté a mi conveniencia,
mas no a mi agradecimiento.
Admite, pues, en tu espuma,
o sacra deidad de Venus,
la ingrata víctima humana
de Irene; sepulte el centro
en ella la ingratitud,
porque no haya humano pecho
que juzque a mejor vivir
amando que aborreciendo.
Al ir a arrojarla, salen VENUS y DIANA en lo alto
VENUS: ¡Oye!
DIANA: ¡Aguarda!
VENUS: ¡Escucha!
DIANA: ¡Espera!
DANTE: ¿Qué quiere decirme el viento?
MÚSICA: "¡Victoria por el amor!
¡Viva la deidad de Venus!"
VENUS: Como no ha querido más
de nuestra cuestión el duelo
que llegar a la experiencia
de si es el más noble afecto
de una hermosura el amor,
pues que es suyo el vencimiento.
Y así, serenado el mar,
vuelve al abrigo del puerto,
donde mi oráculo ya
ha prevenido el suceso,
para que, en vez de castigo,
el rey, al perdón atento,
de Aminta esposo te haga
festivos recibimientos,
que ya desde aquí se escuchan,
diciendo a voces el eco:
MÚSICA: "¡Victoria por el amor!
¡Viva la deidad de Venus!"
DANTE: Felice mil veces yo,
que no solamente veo
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