Amado y aborrecido (Pedro Calderón de la Barca) - pág.60
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de esa flaqueza. (¡Ay de mí! Aparte
Que si viniera a este tiempo
Lidoro, y viera la seña,
todo estaba descubierto.)
AMINTA: No hay cosa, Irene, que más
alivie a un rendido pecho
que el llanto; y, pues has quedado
a servirme de consuelo,
no del consuelo me prives.
Pero bien haces, si advierto
que eres tú de mis pesares
la causa...
IRENE: Mucho lo siento;
pero no sé en qué, porque,
si es Dante acaso el objeto
de tus tristezas, segura
puedes de mí estar, supuesto
que sabes que no le estimo.
AMINTA: Y aun ése es mi sentimiento,
ver que lo que estimo yo
nadie trate con desprecio.
¿Hay quien merezca tu amor
mejor que él?
IRENE: Nunca vi celos
que se abatiesen a ser...
AMINTA: Irás a decir "terceros
de su agravio." No lo digas;
porque no lo son, supuesto
que el sentir yo su desaire
es nobleza de mi afecto.
IRENE: Pues habrás de perdonarme,
que, aunque lo sientas, no puedo
dejar de decir que a Dante
con vida y alma aborrezco.
DANTE: (¿Que digan que mi albedrío Aparte
es mío y usar dél puedo,
cuando no puedo pagar
este amor ni aquel desprecio?)
AMINTA: No digo yo que le quieras,
pero --¡ay de mí!-- que no tengo
aliento para decirlo.
Pónese el lienzo en los ojos
IRENE: ¿Otra vez al llanto has vuelto?
AMINTA: No, que nunca le he dejado.
Salen LIDORO y LIBIO
LIDORO: ¡Silencio, Libio!
LIBIO: Al silencio
de la noche se lo di;
que yo piso con tal tiento
que los pasos del valor
parece que los da el miedo.
LIDORO: Con el esquife a la orilla
solo te queda, y los remos
fuera del agua, porque
no hagamos ruido con ellos,
en tanto que yo por esta
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