Amado y aborrecido (Pedro Calderón de la Barca) - pág.55
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las guardas, aquesta noche
en un esquife a su orilla
ven; que yo te esperaré,
como acaso divertida
en ellos, donde tratemos,
antes que de la conquista,
de la fuga. Y sea la seña
que te doy, porque podría
ser que otras damas estén
en los jardines...
LIDORO: ¿Qué? Dila.
IRENE: Porque sea más callada,
y de la noche más vista,
tener un lienzo en la mano;
y así, la que a la marina
más se acercare con él
soy yo.
Sale AMINTA al paño
LIDORO: Ya llega.
IRENE: Imagina,
atrevido forastero,
que el no quitarte la vida
por mis manos es porque
no es tu bárbara osadía
capaz de tan gran castigo,
de tan noble muerte digna.
AMINTA: ¿Qué es esto?
IRENE: Nada, señora.
AMINTA: Yo he de saber qué te obliga
a dar esas voces.
IRENE: Oye,
si saberlo solicitas.
Dile a quien tan atrevido
ese recado me envía
que procure su intención
lograrla, mas no decirla;
porque no la logrará,
habiendo de ella noticia.
Vase
AMINTA: Menos lo he entendido ahora.
LIDORO: Pues no está obscura la cifra.
Crïado de Dante soy,
con sus favores me obliga
a que de su parte a Irene
--no sé dónde voy-- la diga
que intención es al rey
para su esposa pedirla,
si ella da licencia. A que
me respondió enfurecida
que procure su intención
lograrla, mas no decirla;
porque no la logrará,
habiendo de ella noticia.
AMINTA: Dice bien, porque soy yo
fiadora de que ofendida
no ha de ser de esa violencia,
cuando mi hermano la admita.
Así lo decid a Dante,
y añadid de parte mía
que hace bien en pretender
con otros medios, si mira
cuán poco los rendimientos
a un ingrato pecho obligan.
LIDORO: Yo lo diré, aunque no sé,
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