Amado y aborrecido (Pedro Calderón de la Barca) - pág.54
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hecho mercader venías
de joyas y de pinturas,
unas bellas, si otras ricas,
a fin de reconocer,
siendo tú propio tu espía,
el modo de mi prisión,
para ver cómo podrías,
con el valor o la industria,
o conquistarla o abrirla.
Añadiste a esto que a Dante,
autor de nuestras desdichas,
venías a dar la muerte.
Dejo aparte aquella ruina
del bajel, dejo que fuese
él quien te ampare y te asista,
dejo que le hayas pagado
el favor con más altiva
fineza, cuanto va a ser
generosa una, otra pía;
y voy a que, si ya en paz
te han puesto sus hidalguías
con él, y queda el rencor
airoso, ¿cómo no aspiras
a vengarte, cómo, en vez
de darle muerte, te humillas
a recibir beneficios?
¿Tú alcaide suyo?
LIDORO: Oye, mira;
que si el poco tiempo que hay
en quejas le desperdicias,
hará falta a lo que importa.
Sabe, Irene, sabe, prima,
que ese bajel que ha llegado
es tu padre el que le envía.
Por cabo dél viene Libio,
con aquella intención misma
que traje yo; que sabiendo
mi pérdida, solicita
el rey, que me juzga muerto,
que otro en mi lugar te asista.
Preñado caballo griego
de máquinas exquisitas
de fuego, es Etna del mar
que, afectado por encima
de la nieve del contrato,
encubre dentro la mina
que ha de reventar en Chipre
pasmo, horror, asombro y grima,
si ya no vence la industria
antes que las armas. Mira
ahora si te está mal
que yo las llaves admita
del puerto, y...
AMINTA dentro
AMINTA: Dejadme todos;
no me siga nadie.
LIDORO: Aminta
viene allí.
IRENE: No poder siento
responder agradecida
a la nueva y, pues el mar
con los jardines confina
del palacio, y tú en él tienes
dominio, a que no resistan
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