Amado y aborrecido (Pedro Calderón de la Barca) - pág.53
Indice General
|
Volver
Página 53 de 70
tanto que, en una acción misma,
quiero oír más aquí rigores
que allí ponderar caricias--
Bellísima Irene, ¿cuándo,
cuándo, apacible homicida,
has de acabar de pagar
con una muerte dos vidas?
¿Cuándo podrá el rendimiento
de un triste...?
IRENE: No, no prosigas;
que para saber que nunca
han de ser menos mis iras
no es menester que me tome
más tiempo en que te lo diga.
DANTE: ¿Es posible que no puedan
hallar tantas ansias mías
lugar en tu pecho?
IRENE: No.
DANTE: Pues ¿qué haré yo en que te sirva?
IRENE: Irte, sin decirme nada.
Hace DANTE una reverencia y se va a hablar con LIDORO
MALANDRÍN: (¡Qué obediencia tan rendida! Aparte
No hiciera un novicio más.)
DANTE: ¡Celio!
LIDORO: ¿Qué me mandas?
DANTE: Mira,
amigos somos los dos,
tus fortunas me lastiman,
lastímente mis fortunas.
A esa fiera, a esa enemiga,
a esa esfinge, a esa sirena,
áspid de esta nueva Libia,
ya que me cierra los labios,
la dirás de parte mía
que no me agradezca tanto
el mirarse obedecida,
a vista de su desdén,
cuanto del amor de Aminta.
Vase
MALANDRÍN: Y yo ¿puedo decir algo?
IRENE: Menos vos; idos aprisa.
Hace MALANDRÍN una reverencia y se va hacia LIDORO
MALANDRÍN: Decid a aquesa señora,
Celio, tan desvanecida,
que eso se merece quien
en el bosque y en la quinta
no la dejó en fiera y fuego
ser vianda o ser ceniza.
Vase
LIDORO: Grande dicha ha sido, Irene,
que los cielos me permitan
lugar de hablarte.
IRENE: Mía es,
si es que es de alguno, la dicha,
para que pueda también
en ti aprovechar mis iras.
LIDORO: ¿Iras?
IRENE: Sí.
LIDORO: Pues ¿con qué causa
conmigo también te indignas?
IRENE: Dijísteme que a este puerto
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
>>>
Páginas
1-50
51-70
|