Amado y aborrecido (Pedro Calderón de la Barca) - pág.47
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envuelta en la obligación.)
Sale MALANDRÍN
MALANDRÍN: ¡Señor!
DANTE: ¿Qué hay, loco?
MALANDRÍN: ¡Gran día!
DANTE: ¿Qué ha sucedido?
MALANDRÍN: Sintiendo
el rey la extraña tristeza
que padece la belleza
de su hermana, y pretendiendo
aliviarla, ya has sabido
las diligencias que ha hecho.
Y, aunque no son de provecho
las más de ellas, ha querido
que aquesos jardines bellos
sean teatros del día,
y de música y poesía
haya un gran festín en ellos.
DANTE: ¿Y eso te alegra?
MALANDRÍN: Pues ¿no?
Si los premios han de dar
las damas, ¿no he de lograr
el mejor de todos yo?
DANTE: ¿Por qué?
MALANDRÍN: Porque, aunque discretas,
nunca yerran su elección,
y sabe su discreción
que de todos los poetas
ninguno de mejor gana
las sirve.
DANTE: ¿Es memorial?
MALANDRÍN: Ya
se ve, y más hoy, que quizá
las he menester mañana.
DANTE: Calla, loco.--Acudid vos
por los despachos después;
que ahora forzoso es
asistir al rey. (Si en dos Aparte
afectos mi vida tiene
hoy lo que olvida y desea,
¿qué importa que a Aminta vea,
a precio de ver a Irene?)
LIDORO: (¿Quién --¡ay infeliz!-- creerá Aparte
de mi confusa pasión
que me quita la ocasión
cuando la ocasión me da?)
MALANDRÍN: ¿Por qué despachos habéis
de acudir, Celio?
LIDORO: Hame hecho,
de mi lealtad satisfecho,
del puerto alcaide.
MALANDRÍN: Gocéis
tan gran merced. ¡Que sea cierta
cosa que, en siendo extranjero,
ha de hallar uno portero,
y puerto, portada y puerta!
¡Y que, habiéndome portado
yo en mi porte bien, por cierto,
no aporte a puerta ni a puerto
que no le encuentre cerrado!
Pero aquesto no es de aquí.
Ya el rey a la alegre vista
del jardín baja, con toda
la gala y la bizarría
de la corte.
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