Amado y aborrecido (Pedro Calderón de la Barca) - pág.38
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contra mi suerte se mira,
no aquestas lágrimas son
causadas de sus enojos,
sino rayos que los ojos
arrancan del corazón.
AMINTA: Ya por lo menos vencida
la primer dificultad,
será paso a la piedad.
IRENE: Tarde la espera mi vida,
y si la verdad te digo,
lo más que me aflige es...
AMINTA: ¿Qué?
IRENE: Que, en aquel riesgo en que fue
cómplice el monte y testigo,
no me arrojase a morir
antes que a Dante llamase
a que mi vida guardase.
¿Yo a Dante pude pedir
amparo? ¿Yo a Dante que
a socorrerme viniera?
¿Yo que me favoreciera?
AMINTA: Contrario mi afecto fue;
que, si en mi mano estuviera,
de mi parte le pagara
aquella fineza rara.
(¡Oh si algún color hubiera Aparte
de pedir al rey que atento...!
Mas no sé cómo prosiga.)
IRENE: Por mucho que tu voz diga,
más dice tu sentimiento.
Sale LIDORO
LIDORO: Hermosísima deidad
de Chipre, aunque nunca fue
el repetir beneficios
de constante pecho, bien
tal vez se puede suplir
esta culpa, si tal vez
no es para darlos en cara
y para lograrlas es.
Y así, con este pretexto,
me atrevo a echar a tus pies,
pidíendote, hermosa Aminta,
que intercedas con el rey,
que de la palabra suya
me cumpla aquella merced
que me ofreció en la primera
gracia que le pedí.
AMINTA: ¿Qué es?
LIDORO: Una libertad, señora.
IRENE: (¿Qué es esto que llegué a ver? Aparte
¿Lidoro viene a pedir,
con razones que no sé,
al rey una libertad?
La mía debe de ser.)
LIDORO: Y tú aquesta pretensión
hoy has de favorecer
por quien eres, no por mí.
AMINTA: Yo lo haré. Prosigue, pues.
¿Qué he de pedirle?
LIDORO: El perdón
es del destierro...
AMINTA: ¿De quién?
LIDORO: De Dante.
AMINTA: ¿De Dante?
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