Amado y aborrecido (Pedro Calderón de la Barca) - pág.27
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de lo que sé.
MALANDRÍN: Pues ¿qué intentas?
AMINTA: Que le digas que una dama,
viendo que pobre se ausenta,
tan en desgracia del rey,
sin puesto, estado ni hacienda,
este pequeño socorro
ahora le envía; y que crea
que, dondequiera que él fuere,
tendrá su correspondencia.
MALANDRÍN: Luego ¿no son para mí?
NISE: ¿Para ti habían de ser, bestia?
MALANDRÍN: Pues ¿para quién son las dichas,
sino sólo para ellas?
AMINTA: Búscale presto, y adiós;
que no quiero, ya que llega
el marinero a la torre,
que con él Irene venga
y te halle aquí.
MALANDRÍN: Yo iré, pero
a mi pesar, con tal nueva.
AMINTA: ¿Por qué?
MALANDRÍN: Porque no merece
un ingrato estas finezas.
AMINTA: ¿Ahora sabes que es lograrlas
razón de no merecerlas?
A sus damas
Venid conmigo [las] dos;
hagamos tiempo por esta
verde estancia.
Vanse. Sale LIDORO
LIDORO: ¡Ah de la torre!
Dentro
CLORI: ¿Quién es quien llama a esta puerta?
Salen CLORI y LAURA, y detrás IRENE
LIDORO: Decidle a una deidad que
vive aquí que hay quien desea
de parte de Aminta hablarla.
IRENE: ¿A mí?
LIDORO: A vos, si sois aquélla
que aquí... (Mas ¿qué es lo que miro?) Aparte
IRENE: (¡Cielos! ¿Qué ilusión es ésta?) Aparte
LIDORO: (¿Si es fantasía del deseo?) Aparte
IRENE: (¿Si es delirio de la idea?) Aparte
LIDORO: ...infeliz vive.
IRENE: Yo soy;
que, si infeliz traéis por señas,
mal podré yo desmentirlas;
si bien más duda a ser llega
traer vos recado de Aminta
que no el enviaros ella.
CLORI: ¿De qué turbada has quedado?
LAURA: ¿De qué has quedado suspensa?
IRENE: No sé...de oír de Aminta el nombre,
y ver que de mí se acuerda;
y así otra vez y otras mil
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