Amado y aborrecido (Pedro Calderón de la Barca) - pág.26
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LIDORO: Claro está; pero un instante
esperad.
MALANDRÍN: ¿Qué hay que os detenga?
LIDORO: Sucesos de mi fortuna.
(Y es verdad, que, si no fueran Aparte
ellos tales, no llegara
con tanto temor a verla.)
FLORA: ¿Y has de llegar a la torre?
AMINTA: No; que temo que parezca
poca autoridad o mucho
deseo. Y así quisiera
que alguno de parte mía
la llamara.
NISE: No hay quien pueda
ir; que con el rey, señora,
todos o los más se ausentan,
creyendo que tú le sigues,
y aquí solamente quedan
el marinero y crïado
de Dante.
AMINTA: Nadie pudiera
Más al propósito mío.
¿Traes, Flora, contigo aquellas
joyas que te dije?
FLORA: Sí.
AMINTA: Pues con una diligencia
dos cosas haré, que son
que el uno vaya por ella
y poder hablar al otro.
¡Hola!
LIDORO y
MALANDRÍN: ¿A quién llama tu alteza?
A LIDORO
AMINTA: A vos. Llegad a esa torre,
y decid a una belleza
infeliz, que en ella vive,
que a la margen lisonjera
de aqueste arroyo la aguardo,
que con vos a verme venga.
LIDORO: A servirte iré. (¡No vi Aparte
más soberana belleza!)
Vase
MALANDRÍN: ¡Cuerpo de Apolo! Pues ¿no
estaba yo aquí, que fuera
tan presto como él? ¿A mí
tal desaire? Bien se echa
de ver que no está mi dueño
en tu gracia.
AMINTA: Porque veas
que antes ha sido favor,
dale a Malandrín aquesas
joyas, Flora.
MALANDRÍN: ¡Plegue a Dios
que vivas cuatro mil dueñas,
unas sobre otras, y luego
te den la supervivencia
de otros cuatrocientos mil
cuñados, suegros y suegras!
Si bien para mí excusada
estaba aquesta fineza,
porque, con eso y sin eso,
dijera lo que supiera
de mi amo, desde el día
que vino.
AMINTA: Ya no desea
mi cuidado saber más
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