Amado y aborrecido (Pedro Calderón de la Barca) - pág.23
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el respeto, ni se cuenta
en número de dichoso
el que es dichoso por fuerza;
y alentad, que ya segura
estáis.
AMINTA: A tanta fineza
deudora soy de la vida.
LIDORO: Si errar vuestra voz pudiera,
vuestra voz, señora, errara
en reconocer la deuda,
que no sois vos quien la debe.
AMINTA: Pues ¿quién?
LIDORO: Toda la luz bella
del sol que, sin vos, estaba
ya en vuestro desmayo muerta;
y mal pudiera yo...
Salen el REY, NISE y criados
REY: Aminta,
mil veces en hora buena
te hallen mi vista y mis brazos
con la vida que desean.
AMINTA: Para que a tus pies, señor,
una y mil veces la ofrezca.
REY: Retírate a aquesa torre;
que, aunque es prisión de una fiera,
el acaso nunca elige.
AMINTA: No hay para qué; yo estoy buena.
NISE: A todas nos da, señora,
tu mano a besar.
FLORA: Y sea
tan dichosa la desdicha
que, quebrando el ceño en ella
de la fortuna, se quede
en el amago suspensa.
AMINTA: Dios os guarde; que a no ser
por el brío o la destreza
de ese joven que atajó
del caballo la soberbia,
a más pasara el peligro.
MALANDRÍN: Guarde Dios a Vuestra Alteza,
por las honras que me hace.
REY: ¿Fuisteis vos?
MALANDRÍN: No, mas pudiera
haber sido. Y por sí o no,
es justo que lo agradezca.
Fuera de que si a priori
el argumento se empieza,
yo fui quien le dio la vida.
REY: ¿Cómo?
MALANDRÍN: Como llevé a cuestas
a quien a ella se la dio,
después que de la tormenta
mi amo le entregó en mis brazos.
Y es precisa consecuencia
que él no diera vida a Aminta
si yo a él no se la diera.
Y así, si ella por él vive,
por mí viven él y ella.
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