Amado y aborrecido (Pedro Calderón de la Barca) - pág.19
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que no ser Irene mía.
Y siendo así, me prefiero,
tras el temor de los hados,
a perder puestos y estados;
porque, si hoy sin ella muero,
todo se pierde al perdella;
y quiero de aqueste modo,
perdiéndolo en ella todo,
perderlo todo y no a ella.
Y así, a tus plantas rendido,
la doy la mano.
REY: Detente,
loco, bárbaro, imprudente,
necio y desagradecido;
que, aunque licencia te di
para que elección hicieras,
viendo que preferir quieras
tu amor a mi gracia así,
tanto el desdén he sentido,
puesto que no sea traición,
que, en castigo de esa acción,
no has de ser tú su marido;
sin todo te has de quedar.--
A AURELIO
Y en premio de que tú fueses
quien más mi favor quisieses
que no adquirir y lograr
una hermosura, has de ser
quien la merezca; de modo
que venga a perderlo todo
quien nada quiso perder.--
A DANTE
De mi corte desterrado
al punto, Dante, saldrás,
sin más honores, sin más
hacienda ni más estado
que la vida.-- Y para que
sea el dolor más tirano,
A AURELIO
dale tú a Irene la mano
delante de él; que yo haré
ser tan dichoso con ella
que desmienta mi favor
el ceño de su rigor
y el influjo de su estrella.
Dale la mano.
AURELIO: Hoy verás,
Irene, que no temía
tu suerte, sino la mía.
IRENE: Espera; que aun falta más.--
Al REY
Señor, aunque el hado impío
a ti me tiene rendida,
eres dueño de mi vida,
pero no de mi albedrío.
Y cuando su dueño fueras,
que es lo que en ninguna acción
aun los dioses no lo son,
obligarme no pudieras
a que le diera la mano
a quien, sabiendo que es mía,
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