Amado y aborrecido (Pedro Calderón de la Barca) - pág.14
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no quiere sufrir segunda,
no ha de volver a su patria,
pues su persona asegura
la invasión de estos estados,
siendo a la contraria furia
de sus movimientos freno,
y de su cerviz coyunda.
Quedarse como se estaba,
viendo que así no se excusan
los riesgos, es miedo inútil.
Si aun guardada nos perturba,
darla libertad tampoco;
pues será poner sin duda
en su libertad al hado.
A todo lo cual se junta
a muerte estar condenados
los dos. Pues haya una industria
que disculpe mis crueldades
y que repare las suyas.
Esta ha de ser; que en mi estado
tome estado, con que ajustan
mis recelos que a su patria
volverse no pueda nunca,
siendo su alcaide su esposo;
con que también se asegura
que su sucesión vasalla
la ley de mi imperio sufra.
Y puesto que éste ha de ser
uno de los dos, con cuya
satisfacción el delito
de romper esta clausura
queda también honestado,
cada uno consigo arguya
quién querrá esposa con quien
Venus desdichas le anuncia,
el hado, ruinas, y todo
el cielo penas y angustias;
advirtiendo que ha de ser
la primera a que se ajusta
perder mi corte y mi gracia,
pues lo que aborrezco busca,
y sangre enemiga mía
hacerla su esposa gusta.
Y pues os doy a escoger,
brevemente lo discurra
vuestro amor, que habéis de darme
respuesta luego, y presuma
cualquiera que de esta ley,
o sea justa o no sea justa,
no será la culpa mía,
puesto que es la elección suya.
IRENE: Mira, señor, que sin mí
esa nueva ley promulgas
y, en vez de librarme, a más
estrecha prisión me mudas.
¿Yo la mano...?
REY: Esto ha de ser.
Vase
AURELIO: Pues si eso ha de ser, escucha;
que yo que pensar no tengo.
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