Amado y aborrecido (Pedro Calderón de la Barca) - pág.13
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AMINTA: (¡Alma, albricias!) Aparte
IRENE: ...que el incendio de mi furia
no ha de apagarse hasta que
sea con la sangre suya.
AMINTA: (Primero con su poder Aparte
todo el cielo te destruya.)
IRENE: ¿Qué dices?
AMINTA: Nada. (¡Ay, amor, Aparte
siempre mi pesar procuras,
primero por si le amaba
y agora porque le injuria!)
Salen el REY, DANTE y AURELIO
REY: No se ha visto igual estrago;
apenas la saña bruta
de ese monstruo dio a la arena
ni aun la seña más menuda
de su naufragio.
AMINTA: Pues ya
que, como dices, es una
pena paréntesis de otra,
no venzan ambas y suplan
noticias de la primera
lástimas de la segunda.
REY: Dices bien, y así mi voz
en lo que empezó discurra,
diciendo que al tiempo que
religioso fuego ahuma
--aquí quedamos-- las aras
de Venus, su voz pronuncia
que vencerían mis armas,
pero tan a costa suya
que trocaría el despojo
en desdicha la ventura.
Veniste tú prisionera
y, viendo cuánto se aúnan
vaticinios que amenazan
ruinas, tragedias e injurias
con bellezas que aun después
de verse vencidas triunfan,
hurtarte quise a los ojos
de mis gentes. ¡Qué locura!
¡Buscar medios que embaracen
donde hay estrellas que influyan!
Dígalo el ver que, aun guardada
en las entrañas incultas
de estos montes, has podido
dar principio a las futuras
ansias que temí, poniendo
en campal ardiente lucha
los héroes que de mi imperio
son las más fuertes colunas.
Y pues infalible el hado
ni se estorba ni se excusa,
pues antes busca su efecto
quien su impedimento busca,
entre tu llanto y mi miedo
partir pretendo la duda,
y que ni libre ni presa
quedes.
IRENE: ¿De qué suerte?
REY: Escucha,
y escuchad todos. Irene,
en cuya rara hermosura
la de nuestra diosa Venus
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