A secreto agravio, secreta venganza (Pedro Calderón de la Barca) - pág.54
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a este horror, a esta tragedia,
yacen postradas y mudas.
Esta muerta beldad, esta
flor en tanto fuego helada,
que sólo el fuego pudiera
abrasarla, que de envidia
quiso que no resplandezca,
ésta, señor, fue mi esposa,
noble, altiva, honrada, honesta,
que en los labios de la fama
deja esta alabanza eterna.
Ésta es mi esposa, a quien yo
quise con tanta terneza
de amor, porque sienta más
el no verla y el perderla
con una tan gran desdicha,
como en vivo fuego envuelta,
en humo denso anegada;
pues cuando librarla intenta
mi valor, rindió la vida
en mis brazos. ¡Dura pena!
¡Triste horror! ¡Fuerte suceso!
Aunque un consuelo me deja,
y es, que ya podré serviros;
pues libre desta manera,
en mi casa no haré falta.
Con vos iré, donde pueda
tener mi vida su fin,
si hay desdicha que fin tenga.
Y vos, valiente don Juan, (Ap. a él)
decid a quien se aconseja
con vos, cómo ha de vengarse
sin que ninguno lo sepa;
y no dirá la venganza
lo que dijo la alienta.
REY. ¡Notable desdicha ha sido!
DON JUAN. Pues óigame Vuestra Alteza
aparte; porque es razón
que sólo este caso sepa.
Don Lope sospechas tuvo,
que pasaron de sospechas
y llegaron a verdades;
y en resolución tan cuerda,
por dar a secreto agravio
también venganza secreta,
al galán mató en el mar,
porque en un barco se entra
con él sólo: así el secreto
al agua y fuego le entrega,
porque el que supo el agravio
sólo la venganza sepa.
REY. Es el caso más notable
que la antigüedad celebra;
porque secreta venganza
requiere secreta ofensa.
DON JUAN.
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