A secreto agravio, secreta venganza (Pedro Calderón de la Barca) - pág.42
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porque bastante no ha sido
la venganza a sepultar
un agravio recibido.
Cuando me aparté de vos,
llegué hasta este propio sitio
que bate el mar, con el fin
que vos propio habéis venido,
que es de volver a la quinta
adonde habéis reducido
vuestra casa, previniendo
vuestra ausencia. Divertido
llegué, pues, y en esta parte
estaban en un corrillo
unos hombres, y al pasar
el uno a los otros dijo:
«Aqueste es don Juan de Silva.»
Yo, oyendo mi nombre mismo,
que es lo que se oye más fácil,
apliqué entrambos oídos.
Otro preguntó: -¿Y quién es
este don Juan? -¿No has oído
(le respondió) su suceso?
Pues éste fue desmentido
de Manuel de Sosa. Yo,
que ya no pude sufrirlo,
saco la espada, y a un tiempo
tales razones le digo:
«Yo soy aquel que maté
a don Manuel, mi enemigo,
tan presto, que de mi agravio
la última razón no dijo.
Yo soy el desagraviado,
que no soy el desmentido;
pues con su sangre quedó
lavado mi honory limpio.»
Dije, y cerrando con todos,
siguiéndolos he venido
hasta aquí porque me huyeron
luego; que es usado estilo
ser cobarde el maldiciente;
y así ninguno se ha visto
valiente, que todos hacen
a las espaldas su oficio.
Ésta es mi pena, don Lope,
y, ¡vive Dios!, que atrevido,
que loco y desesperado,
de aquí no me precipito
al mar, o con esta espada
mi propia vida me quito,
por que me mate el dolor.
«¡Éste es aquel desmentido»,
dijo, «no aquel satisfecho!»
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