La dama y el duende (Pedro Calderón de la Barca) - pág.34
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y te llevan dos conceptos,
a mí me dejan carbones
y se llevan mi dinero.
Si traen dulces, tu te huelgas
como un padre de comerlos
y yo ayuno como un puto
pues ni los toco ni veo.
Si a ti te dan las camisas,
las valonas y pañuelos,
a mí los sustos me dan
de escucharlo y de saberlo.
Si, cuando los dos venimos
aquí casi a un mismo tiempo,
te dan a ti un azafate
tan aseado y compuesto,
a mí me da un mojicón
en aquestos pestorejos
tan descomunal y grande
que me hace escupir los sesos.
Para ti sólo, señor,
es el gusto y el provecho,
para mí el susto y el daño;
y tiene el duende en efecto
para ti mano de lana,
para mí mano de hierro.
Pues, déjame que lo crea,
que se apura el sufrimiento,
queriendo negarle a un hombre
lo que está pasando y viendo.
MANUEL: Has las maletas y vamos;
que allá en el cuarto te espero
de don Juan.
COSME: Pues, ¿qué hay que hacer,
si allá vestido de negro
has de andar, y esto se hace
con tomar un herreruelo?
MANUEL: Deja cerrado y la llave
lleva, que si en este tiempo
hiciera falta, otra tiene
don Juan. Confuso me ausento
por no llevar ya sabido
esto que ha de ser tan presto;
pero no importa al honor
de mi casa y de mi aumento,
y otro solamente a un gusto,
y así entre los dos extremos
donde el honor es lo más,
todo lo demás en menos.
Vanse. Salen doña ÁNGELA,
doña BEATRIZ e ISABEL
ÁNGELA: ¿Eso te ha sucedido?
ISABEL: Ya todo el embeleco vi perdido
porque si allí me viera
fuerza, señora, fuera
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