La dama y el duende (Pedro Calderón de la Barca) - pág.23
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pasadas feridas, entre en descomunal
batalla; maguer que finque en ella, que
non es la vida de más pro que la muerte
tenudo a su deber un caballero. El dador
de la luz vos mampare, e a mí non olvide.
El caballero de la dama duende
BEATRIZ: Buen estilo por mi vida,
y a propósito el lenguaje
del encanto y la aventura.
ÁNGELA: Cuando esperé que con graves
admiraciones viniera
el papel, vi semejante
desenfado, cuyo estilo
quise llevar adelante,
y respondiéndole así,
pasé.
ISABEL: Detente, no pases;
aquí viene don Juan tu hermano.
ÁNGELA: Vendrá muy firme y amante
a agradecerse la dicha
de verte, Beatriz, y hablarte
en su casa.
BEATRIZ: No me pesa,
si hemos de decir verdades.
Sale don JUAN
JUAN: No hay mal que por bien no venga,
dicen adagios vulgares
y en mí se ve, pues que vienen
por mis bienes vuestros males.
He sabido, Beatriz bella,
que un pesar que vuestro padre
con vos tuvo, a nuestra casa
sin gusto y contento os trae.
Pésame que hayan de ser
lisonjeros y agradables
como para vos mis gustos
para mí vuestros pesares.
Pues es fuerza que no sienta
desdichas, que han sido parte
de veros, porque hoy Amor
diversos efectos hace
en vos de pena y en mí
de gloria, bien como el áspid
de quien, si sale el veneno
también la trïaca sale.
Vos seáis muy bien venida
que, aunque es corto el hospedaje,
bien se podrá hallar un sol
en compañía de un ángel.
BEATRIZ: Pésames y parabienes
tan cortesmente mezclasteis
que no sé a qué responderos.
Disgustada con mi padre
vengo, la culpa tuvisteis
pues, aunque el galán no sabe,
sabe que por el balcón
hablé a noche, y mientras pase
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