El Indulto General (Pedro Calderón de la Barca) - pág.21
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PRÍNCIPE Vos seáis tan bien venida como deseada del que, ya elegida, mantuvo la tardanza 1125 en la penalidad, de la esperanza, con haber sido, en el antes del antes, siglos las horas y horas los instantes.
ESPOSA Por tan sumo favor tan cortesano, os suplico a besar me deis la mano; 1130 y perdonad si a hablaros no me atrevo, que es vuestro estilo para mí tan nuevo que no en vano el temor intenta sabio que le explique mejor la acción que el labio: a vuestras plantas...
PRÍNCIPE No, sino a mis [brazos. 1135
ESPOSA ¡Qué blandas redes!
PRÍNCIPE ¡Qué apacibles lazos! Venid, pues, donde, en tanto que aperciba mi Corte real aplauso que os reciba, de un retiro ocupéis la corta esfera, ¡qué mucho, pues, aun la del sol lo [fuera! 1140
ESPOSA Todo mi esposo es gala.
PRÍNCIPE Toda mi esposa es bella.
ESPOSA Ni el lirio ni el clavel su pompa iguala.
PRÍNCIPE Ni una pequeña mancha no hay en ella.
ESPOSA Feliz estado.
PRÍNCIPE Venturosa estrella. 1145
ÁNGEL Pues justo es los sigamos, a repetir el cántico volvamos.
TODOS Y MÚS. El príncipe, que Deseado dio el cielo por apellido, con la esposa que ha elegido 1150 donde la Culpa no ha entrado, él de laurel coronado y ella de triunfante oliva, reine, goce, triunfe y viva.
Con esta repetición, atabalillos y chirimías, se van todos, y queda solo el MUNDO.
MUNDO ¿Qué nuevo afecto, qué nuevo 1155 impulso es el que arrebata mis sentidos, de manera (al ver las dos soberanas señas de esposo y esposa, concurriendo a un tiempo en ambas 1160 lo alegórico y lo real) que parece que me arrastran, llevándose tras sí al mundo? ¿No vine en su alcance a causa de que, familiar alcaide 1165 de la Culpa, de su saña cómplice, como uno de tres enemigos del alma, había de aliviar la ira de su venenosa rabia 1170 averiguando a qué punto van dos líneas tan contrarias como cárceles y bodas? ¿Pues cómo de aquella instancia me olvido y me acuerdo de esta 1175 nueva duda que en mí causan? Para informarme mejor de lo que conviene que haga, no he de perderlos de vista; y más, al ver que no paran 1180 en el ameno retiro de su deleitoso alcázar, sino que, pasando de él a un atochar, cuyas ramas con sus sombras les convidan 1185 a los halagos del aura (si ya no es que entre a la parte el hacimiento de gracias), paseándose por sus calles en la fábrica reparan, 1190 que, en la más principal de ellas (que es la de Atocha) fundada yace mi cárcel, en quien quedó la Culpa de guarda.
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