El príncipe contante (Pedro Calderón de la Barca) - pág.34
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hablar contigo me ven,
que tratarte sin respeto
es ya decreto del rey.
Y así, a mi dolor dejando
la voz, que él podrá más bien
explicarse, como esclavo
vengo a arrojarme a esos pies.
Yo lo soy tuyo, y así
no vengo, infante, a ofrecer
mi favor, sino a pagar
deuda que un tiempo cobré.
La vida que tú me diste
vengo a darte; que hacer bien
es tesoro que se guarda
para cuando es menester.
Y porque el temor me tiene
con grillos de miedo al pie,
y está mi pecho y mi cuello
entre el cuchillo y cordel,
quiero, acortando discursos,
declararme de una vez.
Y así digo que esta noche
tendré en el mar un bajel
prevenido; en las troneras
de las mazmorras pondré
instrumentos que desarmen
las prisiones que tenéis;
luego, por parte de afuera,
los candados romperé.
Tú, con todos los cautivos
que Fez encierra, hoy en él
vuelve a tu patria, seguro
de que yo lo quedo en Fez,
pues es fácil el decir
que ellos pudieron romper
la prisión; y así los dos
habremos librado bien,
yo el honor y tú la vida,
pues es cierto que a saber
el rey mi intento me diera
por traidor con justa ley;
que no sintiera el morir.
Y porque son menester
para granjear voluntades
dineros, aquí se ve
a estas joyas reducido
innumerable interés.
Éste es, Fernando, el rescate
de mi prisión, ésta es
la obligación que te tengo;
que un esclavo noble y fiel
tan inmenso bien había
de pagar alguna vez.
FERNANDO: Agradecerte quisiera
la libertad; pero el rey
sale al jardín.
MULEY: ¿Hate visto
conmigo?
FERNANDO: No.
MULEY: Pues no des
qué sospechar.
FERNANDO: De estos ramos
haré rústico cancel
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