El príncipe contante (Pedro Calderón de la Barca) - pág.20
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Vanse y salen dos moros, y ven a BRITO como
muerto
MORO 1: Cristiano muerto es éste.
MORO 2: Porque no causen peste,
echad al mar los muertos.
BRITO: En dejándoos los cascos bien abiertos
a tajos y reveses,
que "ainda mortos" somos portugueses.
FIN DE LA PRIMERA JORNADA
JORNADA SEGUNDA
Sale FÉNIX
FÉNIX: ¡Zara! ¡Rosa! ¡Estrella! ¿No
hay quien me responda?
Sale MULEY
MULEY: Sí,
que tú eres sol para mí
y para ti sombra yo;
y la sombra al sol siguió.
El eco dulce escuché
de tu voz, y apresuré
por esta montaña el paso.
¿Qué sientes?
FÉNIX: Oye, si acaso
puedo decir lo que fue.
Lisonjera, libre, ingrata,
dulce y süave una fuente
hizo apacible corriente
de cristal y undosa plata;
lisonjera se desata,
porque hablaba y no sentía;
süave, porque fingía;
libre, porque claro hablaba;
dulce, porque murmuraba;
e ingrata, porque corría.
Aquí cansada llegué
después de seguir ligera
en ese monte una fiera,
en cuya frescura hallé
ocio y descanso; porque
de un montecillo a la espalda,
de quien corona y guirnalda
fueron clavel y jazmín,
sobre un catre de carmín
hice un foso de esmeralda.
Apenas en él rendí
el alma al susurro blando
de las soledades, cuando
ruido en las hojas sentí.
Atenta me puse, y vi
una caduca africana,
espíritu en forma humana,
ceño arrugado y esquivo,
que era un esqueleto vivo
de lo que fue sombra vana,
cuya rústica fiereza
cuyo aspecto esquivo y bronco
fue escultura hecha de un tronco
sin pulirse la corteza.
Con melancolía y tristeza,
pasiones siempre infelices
--para que te atemorices--
una mano me tomó,
y entonces ser tronco yo
afirmé por las raíces.
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