El escondido y la tapada (Pedro Calderón de la Barca) - pág.29
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en sala de competencia,
fallo por mí la sentencia,
que, pues el uno a otro adora,
os deis por buenos ahora.
JUAN: Yo obedezco; y si hay disculpa,
cese el rigor que me culpa.
LISARDA: Yo creo que así será;
que para nada me está
bien que vos tengáis más culpa.
JUAN: Ya que estás desenojada,
de la caída de ayer
la sangría...
LISARDA: Eso es querer
volver a verme enojada.
Vase
JUAN: ...será para una criada.--
Castaño, dale a guardar
aqueso a Beatriz.
Sale CASTAÑO
BEATRIZ: El dar
tanto el ánimo recrea,
que, aunque para mí no sea,
lo tomaré, por tomar.
Y pues tan revuelta está
la casa toda, en aqueste
aposento que ha de ser
o tocador o retrete
de mi señora, poniendo
ve, Castaño, sutilmente,
no sé qué que a mi ama traes.
CASTAÑO: Son más de mil no-sé-qué-es.
Espera; irélos trayendo;
que aquí unos mozos los tienen.
BEATRIZ: Para ponerlos mejor,
pongamos aquí un bufete.
Sacan un bufete, y desde la puerta van tomando unos
azafates cubiertos
CASTAÑO: Estos son de Portugal
dulces.
BEATRIZ: Di dulces dos veces,
pues dos veces lo serán
por dulces y portugueses.
CASTAÑO: Chocolate de Guajaca
esto y éstos, que aquí vienen,
tocados, cintas y medias,
guantes, pastillas, pebetes,
faldriqueras, zapatillas,
y bolsos éstos.
BEATRIZ: Bien huelen.
CASTAÑO: Toda esta salsa, Beatriz,
han menester las mujeres
para que no huelan mal,
y más las propias.
BEATRIZ: Tú mientes.
CASTAÑO: Esto es cuanto a esto; que aquí
vienen joyas excelentes
en este contador que hoy
es contador de mercedes.
BEATRIZ: Bien está; pero aquí falta
una alhaja.
CASTAÑO: ¿Qué es?
BEATRIZ: Atiende.
Un cierto vestido mío,
que de estas bodas alegres
de ribete se me da.
CASTAÑO: Forzoso era que lo fuese;
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