Darlo todo y no dar nada (Pedro Calderón de la Barca) - pág.48
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triunfales siempre,
pues celebran las ruinas
de los que vence.
CAMPASPE: ¡Qué mal has hecho en decirme...
APELES: ¿Qué?
CAMPASPE: ... que Alejandro me quiere!
APELES: ¿Por qué?
CAMPASPE: Porque lo ignoraba,
si tú no me lo dijeses.
APELES: Antes bien, porque al dolor
en algo le lisonjee
ser yo quien lo diga.
CAMPASPE: ¿Cómo?
APELES: Como la herida más fuerte,
si propia mano la cura,
menos que la ajena duele.
MÚSICOS: Son sus ojos preciados
tan de valientes
que, al mirarlos, entre ojos
traigo mi muerte.
APELES: Fuera de que ¿cómo puedo
yo excusarlo, si hay quien fuerce...
CAMPASPE: ¿A qué?
APELES: ... a que aquesta vez hable,
porque calle para siempre?
CAMPASPE: Con todo, que has hecho mal
otra vez digo, si atiendes
que no hay mujer que no quiera
ser querida; con que viene
a ser ruindad de tu parte
la que de mi parte puede
ser vanidad.
APELES: Antes bien,
que el que rendido padece,
cuanto más padece, goza;
y así es fineza que pienses
que quiero padecer yo
lo que a ti te desvanece.
MÚSICOS: Un pleito a sus mejillas
mayo y diciembre
ponen, porque les hurta
púrpura y nieve.
CAMPASPE: Bien puede ser que fineza
sea; mas no lo parece
interponer un respeto
que declarado no deje
albedrío a la esperanza.
APELES: Eso será en quien la tiene.
Pero ¿qué esperanza ya
es posible que le quede
a quien Alejandro fía
su amor, y no solamente
fía su amor, mas le hace
instrumento de que llegue
a su noticia? ¡Mal haya
habilidad tan aleve
que, traidoramente noble,
contra su dueño se vuelve!
Arroja los pinceles, y ella se levanta
CAMPASPE: ¿Qué habilidad?
APELES: ésta mía.
CAMPASPE: ¿Contra ti? Pues ¿de qué suerte?
MÚSICOS: Si se enoja, y sus labios
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