Darlo todo y no dar nada (Pedro Calderón de la Barca) - pág.35
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Vase
CLORI: Ni ninguna de ver que otra
es la querida se huelga.
Vase
CAMPASPE: Ya que segunda vez, cielos,
sola en mis montes me dejan,
paréntesis a mis ansias
lo que ha sucedido sea;
y demos, discurso,
segunda vez vuelta
a aquella memoria
que tanto me cuesta.
¿Qué aprehensión, qué fantasía,
qué ilusión, sombra o idea
(aquí quedé) es ésta que
a cada paso me cerca,
sin que el claro día
ni la noche negra
o la luz me alumbre
o el sueño me venza?
Parece (¡ay de mí!) que al dar
al día y la noche quejas
de lo que la una me aflige,
lo que la otra me desvela,
una y otra quieren
hoy satisfacerlas,
pues que mis sentidos
turban y potencias.
Permite, infelice joven,
que horroroso representas
siempre tu sombra a mi vista,
siquiera un instante treguas
a tantos horrores;
que no te hago ofensa,
pues son muerte y sueño
una cosa mesma.
Y puesto que ya la gente
toda a la quinta se acerca,
y yo no hago falta, oh tú,
intrincado seno, alberga
vivo un cadáver.
Duérmese. Sale APELES
APELES: Fortuna,
¿adónde mis pasos llevas,
sin saber qué puerto
elijan ni tengan
tantas ansias, tantas
desdichas y penas?
¿Quién creerá que haber caído
tan sin sentido, en defensa
de aquel prodigio, que hallarme
sin saber a quién le deba
la piedad adonde
la humilde miseria
de un cuerpo de guardia
herido me tenga;
que haber callado mi nombre,
porque Alejandro no sepa
que reñí con sus soldados;
que, mal cobradas las fuerzas,
salga a ver el día,
siguiendo esta senda
sin guía, sin rumbo,
sin norte, ni estrella:
nada me aflige, ni nada
me turba ni desconsuela,
sino sólo no saber
qué mujer, cielos, fue aquélla
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