Darlo todo y no dar nada (Pedro Calderón de la Barca) - pág.24
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JORNADA SEGUNDA
Salen ALEJANDRO, EFESTIÓN y
SOLDADOS
ALEJANDRO: Y, en fin, ¿qué supiste?
EFESTIÓN: Supe
que piadosamente bella
se compadeció Estatira
de sus contadas tragedias
y que, porque no volviese
por ahora a una desierta
alquería donde estaba,
mientras la gente de guerra
en estos montes se aloja,
a tantos riesgos expuesta,
la rogaba se quedase
en su compañía, y ella
lo aceptó, de suerte que
donde hoy Campaspe se alberga
es la quinta de Estatira.
ALEJANDRO: Ambas anduvieron cuerdas,
una en ofrecerlo y otra
en aceptarlo, aunque fuera
mejor para mí, que no
anduviesen tan atentas.
EFESTIÓN: Pues ¿por qué?
ALEJANDRO: Porque en su casa
me fuera más fácil verla,
pues no faltara ocasión
para entrar tal vez en ella
con achaque de la caza.
EFESTIÓN: Quizá está la conveniencia
en la dificultad.
ALEJANDRO: ¿Cómo?
EFESTIÓN: Como las correspondencias
aun más prendadas se gastan
con la lima de la ausencia;
pues siendo así, ¿qué será
la aun no prendada?
ALEJANDRO: Eso fuera
en otro, pero no en mí.
EFESTIÓN: ¿Por qué?
ALEJANDRO: Porque mi violenta
condición, bien como rayo,
se irrita en la resistencia.
Sólo porque inconveniente
ya en el primer paso encuentra,
nace con mayor instancia
y crece con mayor fuerza.
Pero dime, ¿quién a ti
te contó lo que me cuentas?
EFESTIÓN: Tienen Siroés y Estatira
consigo mil damas bellas
que a fuer de palacio tratan
la prisión, y no desdeñan
los públicos galanteos
de algunos amantes. Destas
Nise, una de las que cantan,
porque tal vez se diviertan,
a título que llevaba
un papel mío una letra
para cantar (que los versos
suelen tener dos licencias),
me la dio de hablarla hoy;
y de una en otra materia
me dijo lo que te he dicho.
ALEJANDRO: Pues tú, para que yo sepa
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