Darlo todo y no dar nada (Pedro Calderón de la Barca) - pág.22
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el desangrado cadáver,
conmigo embisten. Yo, entonces,
por un postigo que cae
al monte, me puse en fuga;
ellos tras mí al monte salen.
Tal vez lidio y tal vez corro,
hasta que, sin que me amparen
valor ni fuga, cayendo
vine desde el monte al valle,
donde un generoso joven,
o de honrado o de arrogante,
puesto en mi defensa, impide
que me prendan o me maten,
tan a toda costa que
fue su vida mi rescate;
de suerte que, de dos vidas
deudora, a tus plantas reales,
de dos muertes delincuente,
me arrojo, para que pague,
no la muerte que yo hice,
sino la que esotros hacen;
pues más culpada en aquésta
que en esotra soy, si añades
al blasón de la primera
de la segunda el desastre.
De rodillas
Con que a tus plantas, señor,
poniendo a un tiempo delante
sobre la sangre de uno
de otro la espada y la sangre,
humilde te pido (así
del Peloponeso pases
las siempre intrincadas breñas,
cuyo nevado turbante
sobre sus penachos vea
tremolar tus estandartes,
bien como el gran César vio
teñir de púrpura el Ganges,
trascendiendo desde el Tigris
su lábaro hasta el Eufrates)
que acabes, señor, conmigo,
para que conmigo acaben
tantas ansias, tantas penas,
tantas iras, tantos males,
tantos estragos y tantos
escándalos y pesares
como amenazan mi vida
y como mi alma combaten.
ALEJANDRO: Con llanto y valor a un tiempo
los dos extremos tomaste
a mi inclinación, mujer,
sin saber determinarme
si me obligues porque lloras
o porque matas me agrades.
--Prended a aquesos soldados.
Prenden a los SOLDADOS, y quieren llevar a CHICHÓN
CHICHÓN: A mí no, que yo a esperarte
estaba para ir a aquella
visita.
ALEJANDRO: Es verdad; dejadle
a ése solo.
CHICHÓN: Tus pies beso.
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