Darlo todo y no dar nada (Pedro Calderón de la Barca) - pág.17
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que libres no nos vería,
a cuyo efecto en rescate
nuestro tan grande tesoro
pidió en piedras, plata y oro,
que no es posible se trate
cumplir; no por eso había
yo de dejar de ser yo.
Y para que vea si dio
ejemplar a la osadía
de sus soldados, habiendo
oído en mi cuarto el rumor,
vi desde ese mirador
un infeliz defendiendo,
su esposa o su dama sea,
la vida de una mujer,
que lo mismo viene a ser
cuando en su amparo se emplea,
para cumplir con su fama;
pues consecuencia es forzosa
que no defienda a su esposa
quien no defiende a su dama.
Robársela pretendían,
sin duda; pues al llegar,
que la habían de llevar
en altas voces decían.
él, mirándose acosado,
para resguardo tomó
esta puerta, donde no
le valió el noble sagrado,
pues en ella y a mis pies,
aun defendiéndole yo,
herido o muerto cayó.
ALEJANDRO: Una y otra queja es
muy digna de ti; y ahora,
respondiéndote, primero
que te desenoje, quiero
satisfacerte, señora,
a la primera que das
de no haberte visto; pues
piedad, no despego, es
huir tu vista; que si estás
de mis armas prisionera,
¿para qué te había de ver?
Puesto que no había de ser
que la libertad te diera.
Ver yo presa una beldad,
para dejármela presa,
es cosa en que no interesa
crédito mi autoridad;
y más si llorara, siendo
así que vivo temblando
más a una mujer llorando
que a un ejército venciendo.
Si a Júpiter le ofrecí
no libraros, noble indicio
fue del mayor sacrificio
que hacer pude; y si pedí
perlas de tan gran valor,
fue de mi estimación muestra,
pues aun una esclava vuestra
valiera precio mayor;
y pues piadoso mi acción
ya en aquesta parte deja
hoy respondida la queja,
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