Darlo todo y no dar nada (Pedro Calderón de la Barca) - pág.7
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que el que deshiciese el ciego
nudo, no sólo del Asia
tendría el dilatado imperio,
pero de la ignota parte,
que impide el peloponeso
monte descubrir, sería
monarca también, rompiendo
lo impenetrable de tanto
altivo, tanto soberbio
escollo armado de hiedra,
como se le pone en medio.
Con esta noble codicia
muchos, de ser los primeros
que abriesen el arduo paso
para esotro mundo nuevo,
el ciego nudo intentaron
deshacer osados; pero
no sólo de su ambición
consiguieron el efecto,
mas de su ambición quedaron
castigados; pues es cierto
que nadie lo intentó que,
a pesar de su despecho,
no quedase desde allí
a mil desdichas expuesto,
como en venganza de tanto
sacrílego atrevimiento.
Tradición es que ninguno
vivió feliz, y que muertos
con violencia fueron todos,
ya a la ira del acero,
ya a la ruina del acaso,
o a la traición del veneno.
Y así a tus plantas postrado,
humildemente te ruego
adviertas que...
ALEJANDRO: ¡Calla, calla!
Que de escucharte me ofendo.
Por el mismo caso que
es tan repetido el riesgo,
le he de despreciar.
Hace fuerza a desatar el nudo
En vano,
en vano (¡ay de mí!) lo intento,
si ya no es que haga la industria
lo que la fuerza no ha hecho. --
¿Dijo el oráculo más
que el que deshaga este ciego
nudo será vencedor
de ignotas gentes?
SACERDOTE: Es cierto.
ALEJANDRO: Pues yo lo seré, pues yo
dejaré el nudo deshecho.
Saca la daga y rompe la coyunda
SACERDOTE: ¿Qué haces?
ALEJANDRO: Cortarle, pues tanto
monta, para deshacerlo,
cortar, como desatar.
CHICHÓN: Yo también me hiciera eso.
¡Miren qué dificultad,
que la hace cada día un maestro
de niños, cuando el muchacho
se da nudos!
SACERDOTE: ¡Oh, el inmenso
Júpiter quiera que sea
desde hoy verdad el proverbio
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