Con quien vengo vengo (Pedro Calderón de la Barca) - pág.55
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Hablar a Leonor quiero, que es mi hermana,
que en vuestra casa está, deidad humana
de virtud y belleza;
ella quizás podrá con más certeza
de Lisarda informar; no son errores
pensar que ella sabía sus amores.
Si dice dónde puedo
hallarle yo, desengañado quedo;
iré de allí a matalle;
si no me dice dél iré a buscalle,
sabiendo de un su amigo
que por librarle se empeñó conmigo.
De suerte que primero
buscar, señor, al agresor espero;
y de no hallarle, al cómplice; que llanos
discursos dicen que, si yo a las manos
el principal no tengo,
me vengo, si en el cómplice me vengo;
y han de diferenciarse,
que una cosa es reñir y otra es vengarse.
Y así, si no me vengo de uno altivo,
este papel para el segundo escribo,
donde en el parque digo que le espero.
URSINO: Bien pensáis; replicar en nada quiero.
Y pues hemos llegado
a mi casa, entrad dentro recatado,
porque ninguno os vea,
y la ocasión que os trae sospeche y crea.
SANCHO: Ya vuestros pasos sigo.
URSINO: Entrad; que bien seguro estáis conmigo.
Vanse don SANCHO y URBINO. Salen doña
LEONOR y doña LISARDA
LISARDA: Ya que fue piedad del cielo
--¡ay Leonor!--haberme dado
compañía en tal cuidado,
y en tal desdicha consuelo,
estando juntas las dos,
en tanto que fuera están
del cuarto Octavio y don Juan,
te he de decir... Mas--¡ay Dios!--
la puerta de Ursino es
la que abren.
LEONOR: Pues a mí
no me vea.
Vase. Salen URSINO y don SANCHO
URSINO: Espera aquí;
que no es justo que le des
tan buena nueva con susto;
que también sabe matar
un gusto como un pesar,
cuando no se espera el gusto.--
Señora, ya que no tengo
digno albergue en que hospedaros,
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