Con quien vengo vengo (Pedro Calderón de la Barca) - pág.53
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CELIO: ¡Jesús!
OCTAVIO: ¿Qué es esto?
CELIO: Aquí que no es nada.
La que en este mismo instante
era Leonor, ya es Lisarda.
Huiré de ella cielo y tierra.
OCTAVIO: ¿Eres sombra, eres fantasma,
mujer, que así los sentidos
turbas?
LISARDA: Pues ¿de qué te espantas,
si tú mismo me trajiste
desde mi casa a tu casa,
de que esté en ella?
OCTAVIO: De verte
cada vez en formas varias.
¿Quién te trajo aquí?
LISARDA: Tu padre.
OCTAVIO: ¿Mi padre? Otra vez me matas.
LISARDA: Él me guió aquí, don Juan.
OCTAVIO: (Con don Juan piensa que habla. Aparte
¿Si me parezco a don Juan?
Que, según las cosas andan,
no será mucho.) Leonor,
¿cómo viéndome te engañas?
LISARDA: Tú solo te engañas.
OCTAVIO: ¿Yo?
LISARDA: Sí; pues que Leonor me llamas.
¿No me conoces? ¿No sabes,
don Juan, que yo soy Lisarda?
¿Como tal no me trajiste,
desde mi casa a tu casa?
OCTAVIO: Cielos, ¿qué escucho? ¿Tú misma
no eres aquélla que estabas
en el jardín?
LISARDA: ¿Quién lo duda?
OCTAVIO: Pues ¿cómo, si a don Juan hablas
en él, ignoras, que es
el mismo que quieres y amas?
LISARDA: Porque yo nunca le quise;
que allí estuve disfrazada
como crïada; mas tú,
si la quieres, ¿cómo agravias
su amor y no la conoces,
siendo el que con ella hablabas?
OCTAVIO: No fui; que como crïado
guardé a don Juan las espaldas.
LISARDA: Luego ¿tú eres aquel Celio
que entendidamente habla?
OCTAVIO: Luego ¿eres tú aquella Nise
de tan buen ingenio y gracia?
LISARDA: Luego ¿no eres tú el galán
de Leonor?
OCTAVIO: Luego ¿la dama
no eres tú de don Juan?
LISARDA: Yo
fui Nise, siendo Lisarda.
OCTAVIO: Y yo Celio, siendo Octavio.
LISARDA: ¿Eso es verdad?
OCTAVIO: Cosa es clara.
CELIO: Gracias al cielo que ya
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